Volvieron trizas la democracia

“En medio de este oscuro panorama, aparte de los candidatos de centro, nos queda una opción digna que es la del voto en blanco”

Por: CARLOS EDUARDO LAGOS CAMPOS
Mayo 17, 2018
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Volvieron trizas la democracia
Foto: Leonardo Muñoz / EFE

Nunca antes en la historia democrática de Colombia se había vivido un capítulo tan degradante en la forma de hacer política. Las campañas han oscilado entre el odio de clases y el desprecio por los demás; estos parecieran ser los postulados de la izquierda radical y de la ultraderecha recalcitrante, con algunas incipientes posiciones moderadas de los candidatos de centro que convergen entre el Partido Verde y el liberalismo de corte social, los cuales se han visto eclipsados en medio de esta vorágine de ataques, insultos, mentiras, hechizos, de las alianzas más perversas y los contraataques a la misma altura, no solo de los candidatos que representan lo más espurio de nuestra sociedad, sino también de sus irreflexivos seguidores, quienes no han ahorrado ningún esfuerzo en propinarse entre sí toda clase de insultos e improperios por el prurito de lo que ellos el triunfo, sin siquiera hacer un mínimo esfuerzo en el análisis de lo que le esperaría a Colombia si uno de sus candidatos o quienes están detrás de ellos se toman el poder.

Por un lado, el candidato de la izquierda radical ha dicho que su proyecto es a diez años, lo que de suyo significaría una posible “dictadura del proletariado” con todo y su pócima de eso que llaman “el odio de clases”, y por otro lado el que dijo “él” ha manifestado de diversas formas que no ahorrará esfuerzos para apoderarse de todas las ramas del poder público y todos sabemos que ello significa precisamente una dictadura y que el “animal político” que está detrás sabe muy bien “para qué es el poder”.

Lo más peligroso de todo esto es que en esos ires y venires de los debates televisivos todos los candidatos sin ninguna excepción han acomodado sus discursos políticos, de tal manera que quien los escuche desprevenidamente crea que todos apuntan hacia una misma dirección; pero cuidado, no se dejen engañar, cada uno va por orillas totalmente diferentes.

Mientras el candidato de la izquierda radical pretende hacer cambios de fondo en el modelo económico que incluye la redistribución de tierras, la expropiación de las tierras improductivas y el cambio de la vocación de algunos latifundios como los del Valle, así como la estatalización de algunas empresas y servicios públicos; quien está detrás del candidato de la ultraderecha radical va por todo. Así es, pues teniendo en su haber la mayoría del Congreso y el que podría ser un presidente de bolsillo, ya ha anunciado sin rubor alguno que pretende eliminar algunas de las cortes de justicia que le son más incómodas, dentro de las que se encontraría la Corte Constitucional, la JEP, el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Superior de la Judicatura (que en mi opinión es el único que se debería eliminar) y lo más delicado, la Corte Constitucional, la cual constituye el único baluarte de los derechos fundamentales de los menos favorecidos y de las minorías. Lo anterior, para reducirlas a una sola corte, justo a su medida. Si a eso no se le puede llamar una dictadura, el único nombre que se me viene a la mente es el de “castrochavismo”, por algo se dice que uno odia a lo que más se le parece.

Pues bien, la propuesta de la izquierda radical no sería vista de mala forma si no se conociera el odio de clases que propugna su representante, lo cual se hizo evidente en una entrevista en la W cuando dijo que quienes no vendieran las tierras improductivas, las pagaría con bonos de deuda pública. Eso me recordó los postulados de un presidente vecino a quien él admira y que tiene en el exilio a los empresarios y políticos más representativos de su país, y tras su muerte al bravo pueblo que creyó en él.

Sin embargo, esto no pareciera importarle a los seguidores de estos candidatos que en medio de su voracidad han borrado del espectro político las demás expresiones que, precisamente por su propia moderación, tienen en su seno a académicos y liberales de un corte más moderado, que podrían darle a este país una nueva oportunidad de salir de ese estilo de vida sumido en la ignorancia supina, a la que se condena a un pueblo con una educación mediocre, sin posibilidades críticas y solo diseñada para producir una clase trabajadora ligada sus necesidades básicas de comida y transporte, y a una clase media o pequeña burgués que está convencida de que por tener una casa, un carro y una pequeña finca de recreo pertenecen a la clase social alta y así transcurre su vida empeñada ante la banca y pagando los impuestos que las grandes empresas no pagan.

En ese escenario de simpleza desaparecen las propuestas en materias tan críticas como el modelo educativo y económico, por ello solo se les ocurren cosas como quitarle tres ceros al peso y en eso se agota todo el debate político; situación que sin remedio llevará a uno de estos candidatos de los extremos a seguir subyugando a este país en torno a modelos dictatoriales de izquierda o derecha. Además, pareciera que el pueblo no encuentra otras opciones diferentes a lo extremo.

La diferencia entre el candidato de la izquierda radical y el que dijo él es que si el primero es elegido tendrá todos los controles del Estado, medios de comunicación y contrapesos en su contra, lo que hará muy difícil un cambio de fondo; mientras que el innombrable tendrá a todo el estamento, el sector privado y los medios de comunicación de rodillas para así satisfacer su sed de poder y de venganza que lo ha caracterizado.

No obstante, en medio de este oscuro panorama, aparte de los candidatos de centro, nos queda una opción digna que es la del voto en blanco, el cual lamentablemente no se encuentra bien representado por quienes se abrogaron su vocería, salvo por un esfuerzo quijotesco que viene realizando el profesor Carlos Alfonso Velásquez, ello desde el punto de vista académico. En efecto, su posición es la única “medida de presión democrática para que surjan candidaturas que convoquen y sean creíbles provenientes de un centro anclado en ideas que saquen al país de la polarización inconducente e inspiren esperanza de un mejor futuro en concordia”. A su juicio “las campañas de De la calle y Fajardo no tienen opción de llenar dicho vacío porque durante sus campañas incurrieron en errores irremediables como no haber podido convocar a una consulta interpartidista, lo mismo que en la elección de sus fórmulas vicepresidenciales”.

Para cerrar, los más representativos miembros del Centro de Pensamiento Libre consideran que en un país educado políticamente, con estos candidatos, el triunfador sin lugar a dudas debería ser el voto en blanco; lo que conllevaría a repetir estas elecciones con otros candidatos a la altura de las necesidades de nuestra república.

Y es precisamente por esa irracionalidad política que el hecho de que enemigos políticos como Viviane Morales y Uribe Vélez se unan no causa ningún escozor. Todo se vale por el prurito del poder, y pasa al olvido que la primera acusó y demostró la corrupción de medio gabinete del gobierno Uribe y a su vez estos la acusaron de persecutora y corrupta. Sin embargo, esto al pueblo obnubilado por las palabritas socarronas y de arriero del nuevo dictador no les importa, solo les interesa que gane el “duélale a quien le duela”. Y mientras tanto la Constitución seguirá siendo violada impunemente.

 

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