Opinión

Teje que teje, Perú

Haya ganado quien haya ganado, mis amigos peruanos ya han ganado mucho. Porque una nación solo se construye hilando entre todos, de forma activa, y vaya si ellos lo han estado haciendo

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junio 06, 2016
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Existen países donde la protesta social no solo se ha institucionalizado, sino que hace parte del paisaje diario. Argentina y Ecuador son un par de buenos ejemplos. En Buenos Aires, con la misma cotidianidad del informe del clima, los noticieros anuncian cuáles serán las calles que estarán cerradas por las protestas del día. En Ecuador la movilización social ha derrocado presidentes y ha puesto a tambalear en no pocas ocasiones al poder político.

Existen, por el contrario, otros países en donde se ha instalado una profunda apatía social y en los cuales la protesta se ha subvalorado y estigmatizado por años. Colombia y Perú son ejemplo de ello. Y una de las razones por las que se ha mirado con desconfianza cualquier manifestación de descontento social en estos dos países proviene de una particular condición política también compartida: la de haber vivido en el pasado reciente un gobierno de ultraderecha con tintes mesiánicos, enceguecido por un odio visceral hacia toda postura de izquierda.

Ambos gobiernos, el de Fujimori en el Perú y el de Álvaro Uribe en Colombia, edificaron un alto apoyo popular al inicio de sus mandatos de la forma en que lo hacen todos los mesías: sobre la base de una promesa épica, en ambos casos la de la derrota del terrorismo.

Ambos gobiernos levantaron sus ojos del asunto social y los pusieron en el militar.

Ambos enaltecieron a los hombres armados. Ambos se rodearon de criminales. Ambos repartieron prebendas y fueron, en el mejor de los casos por omisión, cómplices de crímenes atroces. Y ambos —uno con menos fortuna que el otro— han sido encarados por el poder judicial de sus respectivos países.

Una de las herencias más perversas del fujimorismo y el uribismo
es el profundo desprestigio de la izquierda que lograron instalar
metiendo en el mismo costal la insurgencia criminal y la izquierda democrática

Una de las herencias más perversas que debemos en Perú y Colombia al fujimorismo y al uribismo es la del profundo desprestigio de la izquierda que lograron instalar en gran parte de la población a partir de la inteligente práctica de meter en el mismo costal a la insurgencia criminal y a la izquierda democrática. Así, tanto en un país como en el otro y en el inconsciente colectivo de la gran mayoría abúlica, floreció la idea de que sindicalista y guerrillero eran lo mismo o de que salir a las calles a protestar era un equivalente a irse a los montes a secuestrar.  Y se reforzaron, como nunca antes y de una forma trágica, la apatía, el desinterés y la desconfianza hacia las manifestaciones de descontento popular.

Si bien esta columna aparece los lunes, yo debo entregarla a la editora los viernes. Por eso mismo, aunque es posible que cuando se publique ya se conozcan los resultados de las elecciones en Perú, no hago referencia al triunfador. Por eso y porque, en realidad, no está dedicada al proceso electoral sino a mis amigos peruanos, tantos y tan amados, a quienes vi apropiarse del tema político durante las pasadas semanas, de una forma apasionada, amorosa e insospechada para la historia reciente de nuestras naciones.

Es obvio que deseo el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski. O, para decirlo de un modo más preciso, deseo que el pueblo peruano acuda a su memoria y derrote al fujimorismo. Pero es también obvio que no todos mis amigos votarán por el mismo candidato, que el hacerlo por el uno o por la otra no los hace ni mejores ni peores personas, y que yo no necesito ahora, como no he necesitado nunca, pedirles su carnet de filiación política para quererlos.

Por eso el resultado de las elecciones tiene poco que ver con estos párrafos que intentan parecerse más a un aplauso que a un análisis. Un aplauso para mis amados amigos peruanos a quienes he visto, a la distancia, asumiendo como suyo el destino de su país mientras escribían un poema, publicaban una nota, asistían a una marcha o simplemente ponían el tema en una cena de familia.

Haya ganado quien haya ganado, ya ganaron mucho. Y lo han hecho porque una nación solo se construye hilando entre todos, de forma activa. Y ellos lo han estado haciendo justo como lo dice la canción del cantautor Alejo García: “Teje que teje, Perú”.

(*) Foto: cortesía de Isabel Felipe

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