¿Será este otro año de eterno odio?

Tenemos que centrarnos en entender nuestra historia, reconocerla y trabajar para dejar atrás la venganza, el rencor y la violencia

Por: David Sáenz Guerrero
enero 07, 2019
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¿Será este otro año de eterno odio?
Foto: iStock

Ojalá que para este 2019 los colombianos entendamos que tenemos la oportunidad de darle un nuevo rumbo a la historia que hemos tenido desde nuestra aparente independencia. Hemos estado atravesados por guerras que no nos han permitido reconocer que vivimos en un país en donde el verde es de todos los colores, tal como el poeta Aurelio Arturo escribió.

Aunque es cierto que en este momento tenemos un gobierno que no sabe qué desea del país, un gobierno que polemiza con posverdades y hasta un gobierno que da fe de la mala educación que recibimos en materia de ciencias sociales, es posible que nosotros, los colombianos de a pie, los que todos los días salimos a trabajar, a estudiar, a construir país, nos demos cuenta que tenemos el poder; y no el poder de derrocar o de imponernos por la vía de la violencia, como ha pasado durante tantos años, sino que tenemos el poder de vivir de otra manera, de vivir en paz.

La firma del Acuerdo de Paz con las Farc ha sido el inicio de nuestro siglo XXI, puesto que le ha dado tranquilidad a cientos de familias que vivían en los campos colombianos, epicentro del conflicto. Territorios en donde miles de seres humanos vivían en la zozobra de perder a sus seres queridos, de la muerte, de la desaparición y la confusión.

No obstante, para que esto no vuelva a ocurrir, los colombianos tenemos que centrarnos en entender nuestra historia, en reconocerla y en trabajar arduamente para que no vivamos en el presente eterno del odio, de la venganza, del rencor y de la erradicación del otro por la senda de la violencia.

Es indiscutible que el conflicto no lo hemos vivido directamente todos los colombianos, aun así, me atrevería a decir que todos hemos sido culpables debido a nuestra indiferencia, por olvidarnos del que sufre y del que llora. Así mismo, por apoyar gobiernos que han sido favorecido o permitido la violación de derechos humanos, y que, sobre todas las cosas, han cimentado su carrera política sobre el odio; ese odio que nos ha segregado y hecho enemigos entre hermanos.

Ahora bien, ¿cómo podríamos convertirnos en agentes de cambio y lograr vivir en comunidades pacíficas? Una posible ruta, aunque no seamos religiosos, podría se la oración por la paz atribuida a Francisco de Asís:

Señor,

haz de mí un instrumento de tu paz.

Que donde haya odio, lleve yo el amor;

donde haya ofensa, lleve yo el perdón;

donde haya discordia, lleve yo la unión;

donde haya duda, lleve yo la fe;

donde haya error, lleve yo la verdad;

donde haya desesperación, lleve yo la esperanza;

donde haya tristeza, lleve yo la alegría;

donde haya tinieblas, lleve yo la luz;

Maestro, haz que yo busque más consolar que ser consolado;

más comprender que ser comprendido;

más amar que ser amado.

Porque es dando como se recibe;

es perdonando como se obtiene el perdón;

y es muriendo como se vive para la vida eterna.

Esta oración por la paz es el reflejo de una ética que nos compromete a vivir mejor juntos y, por supuesto, “es una oración que tiene la virtud de unir a todos en un mismo espíritu de paz y de amor. Una oración que nos hace a todos sentirnos hermanos y hermanas de la gran familia humana y cósmica, y también hijos e hijas de la familia divina” (Leonardo Boff).

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