Los cristianos dedicados a ‘rehabilitar’ homosexuales en Colombia

Ángela Hernández, la preferida del exprocurador Ordóñez, y el predicador de la iglesia Su Presencia, insisten en que ser gay es una enfermedad curable

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Enero 10, 2018
Los cristianos dedicados a ‘rehabilitar’ homosexuales en Colombia
Fotos: elespectador.com y supresencia.com.co

Nerú era un bailarín que se adornaba con extensiones de pelo. A veces se lo tinturaba. Era un homosexual orgulloso. Pero de un día para otro salió a decir que se había curado. Recién había terminado el reality Bailando por un Sueño, donde fue jurado, cuando sus declaraciones se convirtieron en un escándalo. Y detrás de éstas apareció un nombre: Andrés Corson, el pastor de la Iglesia El Lugar de Su Presencia.

Localizada en la avenida Suba de Bogotá, es reconocida y próspera con una sede que ocupa más de una manzana. Para participar en los ceremonias, sus fieles se someten a filas que pueden durar una hora y que se extienden entre cinco y seis cuadras. Buena parte de los asistentes son jóvenes con pintas muy cuidadas, vestidos a la moda, muchos parecen modelos. Son abiertos de mente y en la iglesia hay una visión particular de los gays: “Los homosexuales fueron abusados o traumados en la infancia. Por eso Dios tiene que sanar los abusos”. Pero algo más Corson es reconocido como “el pastor que cura a los homosexuales”.

“Dios ama a los gays que crean en él. Nosotros tenemos que amar a los pecadores, y eso no quiere decir que amemos el pecado. Es como el cáncer: tú puedes amar a quien lo padece, y no quiere decir que ames el cáncer.”

Esta no es la única iglesia cristiana que promete rescatar homosexuales y llevarlos a la heterosexualidad, que consideran es la norma de los seres humanos. Está también la Iglesia Plenitud que forma parte de la alianza Iglesia Cuadrangular, la entusiasta promotora de la candidatura presidencial del exprocurador Alejandro Ordóñez.

Hasta 1936 en Colombia la homosexualidad estaba tipificada como una enfermedad en el Código Penal. En el gobierno de López Pumarejo pasó a ser delito hasta 1981 cuando salió del código. La Organización Mundial de la Salud la consideró una perturbación mental hasta 1990.

Así no sea delito, el peso de los prejuicios sigue siendo muy grande en Colombia y por esto personas como Neru reconocen con orgullo haberse curado de la enfermedad de ser gay. Angela Hernández, la diputada por Santander, se vanagloria de haberle enderezado el camino a muchos homosexuales gracias al poder de Dios. El año pasado anunció, promovió y realizó marchas públicas para dejarle claro a los miembros de la comunidad LGBTI que no son bienvenidos en Bucaramanga.

La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos lleva una década registrando los abusos contra todos aquellos que no son heterosexuales tradicionales. Evitando el nombre, comparten casos. El más fuerte en Colombia fue el de una mujer negra en el Pacífico que le confesó a su familia ser lesbiana. El papá la tomó de la mano y se la entregó a un amigo, aunque le autorizo abusar sexualmente de ella para quitarle la “desviación”. Cuando escapó, terminó en un campamento de grupos armados ilegales donde la siguieron violando.

Guillermo Garzón era también orgullosamente homosexual. Pero no quería dejar de serlo. Era el primero en acudir en defensa de cualquier LGBTI que fuera atropellado en la capital. Un lunes de noviembre del 2014 cuadró una cita por redes sociales. Un hombre llegó y a medianoche salió. El martes encontraron a Guillermo muerto, amordazado y con el cuerpo lleno de marcas de tortura. Con el asesinato acabaron con su labor como defensor de los derechos humanos. Tenía 50 años.

En China y Rusia hay varias terapias que, para evitar la violencia, supuestamente curan la homosexualidad. Pero las más famosas están en Ecuador. Se llaman Clínicas Deshomosexualizadoras. Era reconocida una en Esmeralda, frontera con Colombia. Le pegaban y humillaban a los homosexuales que, casi siempre su familia, dejaba en el centro para que dejaran sus preferencias amorosas. El final de la terapia era someterlos a violaciones. Así recordaban lo que es correcto.

En Colombia no hay clínicas así. Ese papel lo juegan las iglesias o los justicieros callejeros que creen que con golpes de bolillo pueden hacer que se retracten de sus preferencias sexuales.

Sin tener publicidad visible, la iglesia Maranatha acoge las peticiones de los asistentes que quieran dejar de ser gays. La iglesia, con presencia internacional y que en México se ufana de curar homosexuales, tiene un ritual preparado. La iglesia católica también tiene su rito. Se llama Oración de liberación del vicio de la homosexualidad en honor a los Santos Mártires de Uganda, y se debe rezar 3 veces, mencionando el nombre del que está por el supuesto camino errado, para curarlo.

Para otros, la manera de tratar a los homosexuales es con golpes. Los skinheads recorrían la Zona T en Bogotá, y entre 20 pateaban y escupían a los travestis. “Para que se les quite la maricada” escriben en los post de Internet.

Leonardo David Mizzar prefería que le dijeran Jessica. Ella caminaba con toda tranquilidad por Barranquilla, hasta que veía a la Policía. Los uniformados inmediatamente se le acercaban y la obligaban a dejar la zona por donde caminaba. Tuvo que tutelar, y la Corte Constitucional emitió un fallo, que Jessica carga, en el que prohibía a la Policía que la desalojara de cualquier espacio.

Al pastor Andrés Corson le tomó 44 minutos explicar a sus fieles en En Lugar de Su Presencia el peso de ser homosexual. Después de quejarse porque tuvo que compartir cuarto con un negro que solo jugaba básquetbol pero que no era músico, narró el trauma que significó para él que el tercer hombre de ese cuarto fuera un homosexual. Todo el tiempo el público se reía. Recuerda que se peleó con el negro para dormir en el camarote de arriba, porque el negro tenía más fuerza que él para defenderse.

En Colombia, de manera abierta, solo hay un registro de una iglesia cristiana que cuelgue la bandera LGBTI como señal de respeto a la comunidad. Se llama Fraternidad Eucarística de Jesús, y queda en Cámbulos, barrio popular en Cali. Allí, dos domingos al mes, el padre Raúl Ruiz celebra una misa para los 20 asistentes gays asistan tranquilamente a la ceremonia con la tranquilidad de que Dios no los quiere cambiar, Dios les permite seguir siendo homosexuales.

@jjjaramillo2

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