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“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, un retrato de la crisis de la modernidad

“Esta novela no solamente es un libro imposible de parar de leer y este es precisamente uno de sus peligros”

Por: David Sáenz Guerrero
Noviembre 14, 2017
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“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, un retrato de la crisis de la modernidad

La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker es una novela que tiene lugar en un pueblo costero de los Estados Unidos, en donde al parecer no sucedía absolutamente nada. Sin embargo, un día por equivocación, descubren en la propiedad del gran escritor, Harry Quebert, el cuerpo de una señorita que desapareció hace 35 años, Nola. Esto hace que el poder de los medios y de la opinión nacional giren su vista hacia el escritor y hacia este pequeño pueblo. Marcus Goldman, amigo y discípulo de Quebert, se dedica incansablemente a investigar la muerte de Nola, sus intenciones no son otras que reivindicar a su amigo y maestro. Harry, no obstante, descubre que en este pueblo en donde al parecer no sucedía nada, se vive el hervidero de la crisis que atraviesa la modernidad.

Esta novela no solamente es un libro imposible de parar de leer y este es precisamente uno de sus peligros. Es decir, puede pensarse equívocamente que la fuerza de esta obra solamente radica en cómo el libro atrapa al lector hasta que no lee la última página. En todo caso, la potencia del trabajo del escritor es fuerte porque denuncia la irresponsabilidad de los medios de comunicación, la trivialización de la verdad, el racismo latente de la sociedad norteamericana, la comercialización de las desgracias de los otros y por supuesto, la crisis de la modernidad.

En cuanto a la irresponsabilidad de los medios, podemos observar que mientras Marcus Goldman investiga los acontecimientos que condujeron a la muerte de Nola, los medios de comunicación estaban al servicio de la poderosa y millonaria editorial Schmid & Hanson. Tal es el caso que cuando supuestamente se filtran partes de la investigación de Marcus a los medios, estos publican parcialmente lo que ha investigado Goldman, permitiendo a la editorial utilizar el morbo como estrategia de marketing, ya que en estas filtraciones se hace ver a Nola como una “prostituta”. En esta situación se demuestra la carencia de ética de los medios y al parecer su objetivo principal: engrandecer las arcas de las grandes compañías. A los medios, como se hace incuestionable, no les importa la verdad, ni la reconstrucción de los hechos, sino lo que ya hemos dicho anteriormente: estar al servicio del postor que más pague. Así mismo, la obra de Dicker denuncia cómo los medios son tan poderosos que son prácticamente los que le dicen al oído al poder judicial qué decisión han de tomar.

Por otra parte, el racismo norteamericano aflora en personajes como Tamara Quinn, quien sumida en la fantasía y la obsesión de ver a su hija Jenny casada con un “gran escritor” –Harry Quebert– no se preocupa en lo más mínimo por ayudarle a su hija a cumplir sus verdaderos sus sueños. Lo único que le importa o le atemoriza es pensar que su hija podrá terminar casada con un camionero, o con un socialista, o peor aún, con un negro. Lo paradójico de este asunto es que Jenny, la hija de Tamara, no termina casada con ninguno de los anteriores, sino con un policía blanco, quien resulta siendo uno de los personajes más trágicos de esta historia.

Ahora bien, esta es una narración en la que saltan a la vista muchas características de la crisis de la modernidad. Pues en esta sociedad moderna en la que se desarrolla la historia, la gente no sufre de hambre ni de falta de vivienda, sufre porque está sola, porque viven de las apariencias, porque el dinero y el poder significa el fin de la realización humana para algunos, como para el abogado Roth. También nos habla de otra particularidad de la crisis de la modernidad: las instituciones que deberían estar para la protección del indefenso, están al servicio de intereses ególatras y lucrativos. Para concluir, esta novela, con su lenguaje sencillo y su gran poder de seducción, ha de ser leída no solo con el deseo de la entretención, sino con unos ojos que nos permitan darnos cuenta que Aurora, ese lugar en donde superficialmente no pasa nada, es un cuadro fiel de nuestra sociedad.

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