Opinión

Qué patéticos se ven los pobres diciendo “Yo no marcho, yo produzco”

En las oficinas ese día solo quedarán los mezquinos, los ambiciosos, los que creen que sirviéndole el tinto cada mañana al jefe podrán ascender

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noviembre 14, 2019
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Qué patéticos se ven los pobres diciendo “Yo no marcho, yo produzco”
Hay que ser un idiota, un millonario o un fanático para creer que se pierde el tiempo marchando. Foto: Leonel Cordero/Las2Orillas

Toda oficina tiene a uno de estos buenos muchachos. Se declaran de centro pero todos saben que son uribistas y que los miércoles se escapan en la noche a orar en lugares como Su presencia o una de esas iglesias de Dios Ministerial. Se juran buenos padres porque azotan a sus hijos con la misma sevicia que lo hacían sus papás con ellos. Admiran a su abuelo porque tuvo 36 hijos con 7 mujeres diferentes, y murió tirándose a la muchacha del servicio cuando tenía 93 años. No leen nada, ni siquiera los evangelios que recita el pastor, no les interesa nada y creen que el oligarca insoportable del Juan Manuel Santos era castrochavista. Ese es el perfil de una persona que pone en su Facebook la frase “Yo no marcho, yo trabajo”.

Hay que ser un idiota, un millonario o un fanático para creer que se pierde el tiempo marchando. Hay que ser un maldito lambón para tener estampillada en la cabeza la frase “no pateo la lonchera”. Hay que ser un ciego para no ver que el modelo neoliberal en Latinoamérica es un fracaso absoluto. Cada indigente en las calles de Bogotá así lo demuestra. La manifestación del 21 de noviembre hay que hacerla por cada uno de los colombianos que marchan a diario buscando un empleo, cosa que puede durar años en este país infame, dominado por un puñado de familias. Ojo, si usted es rico y piensa que Colombia está muy bien, lo felicito. Usted es uno de los pocos colombianos a los que le viene bien el uribismo. A usted le cae como anillo al dedo que los pobres se mueran como perros en los hediondos centros de salud, a usted no le interesa que exista un nuevo reparto de tierras o que esos lotes que heredará de papá sean devueltos a las familias de campesinos a los que pertenecían. No, usted no debe sentirse culpable de no salir el próximo 21 a marchar.

 

La manifestación del 21 de noviembre hay que hacerla
por cada uno de los colombianos que marchan a diario buscando un empleo,
cosa que puede durar años en este país infame

 

 

Pero si usted se gana menos de dos millones de pesos mensuales, tiene una familia de cuatro hijos y cree que bajo un gobierno como el de Duque, que promueve la libre empresa, usted puede hacerse millonario vendiendo gomitas y maní en la tiendita que puso en su casa, usted debería marchar porque la cosa es contra usted. Si usted tiene un hijo en el Ejército, si vive en el campo y tiembla cuando escucha los aviones sobrevolar sus plantíos, usted debe parar el 21 de noviembre. Si ya se dio cuenta de que el uribismo es la peor enfermedad que puede tener un pobre, usted debe salir a machar.

En las oficinas ese día solo quedarán los mezquinos, los ambiciosos, los que creen que si siguen sirviéndole el tinto cada mañana al jefe y echando al agua a los compañeros —que llegan tarde, que fuman vareta y que votaron por Petro— podrán ascender y alguna vez comprar una corbata negra y de seda como la que tiene el jefecito. Por culpa de estos conformistas, de estos mediocres, es que Colombia tiene el maldito honor de ser la democracia más antigua de América. Y ojalá el paro no fuera de un solo día, ojalá la marcha no se detuviera nunca, ojalá camináramos hasta el borde y no le tuviéramos miedo al abismo. Si acá la solución es irnos por el desbarrancadero, mejor cerremos los ojos.

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