Opinión

Jaime Garzón y el plebiscito

El crimen del humorista ordenado desde el corazón mismo del Ejército debería servir de elemento de juicio para quienes deseen votar conscientemente el plebiscito

Por:
julio 11, 2016
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La Fiscalía ha resuelto la investigación sobre el asesinato del humorista Jaime Garzón. Se trató de un crimen de Estado concebido y ejecutado por altos mandos del Ejército.

El general Rito Alejo del Río y el coronel Jorge Plazas Acevedo, quienes en esa época comandaban las Brigadas IV y XIII respectivamente, fueron los encargados de planear el homicidio. El también general Mauricio Santoyo intentó borrar las huellas del crimen secuestrando a Ángela María George y a Yeimar de Jesús Arboleda, los asesinos materiales de Garzón, para entregarlos a los paramilitares de Diego Murillo con la intención de que, ejecutándolos, se garantizara su silencio.

El de Garzón no fue un asesinato cometido por individuos aislados que, de forma casual, pertenecían a las instituciones militares. No. Fue un crimen ordenado desde el corazón mismo del Ejército, como lo fue el del abogado Jesús María Valle en Antioquia y como lo han sido muchos otros más.

No creo que el esclarecimiento del crimen del humorista deba usarse para hacer leña de las instituciones militares y echar fuego sobre ellas, pero sí debería servir, al menos, como elemento de juicio para quienes desean votar de forma consiente en el cercano referendo sobre los acuerdos de La Habana.

Asesinos, criminales y miserables son algunos de los términos con los que a diario se califica a las Farc en las redes sociales. A cada uno de ellos —¿quién puede ponerlo en duda? — se ha hecho acreedora la guerrilla con lujo de detalles.

 

 

La distorsión ocurre cuando, casi siempre aparejada
con el insulto a la insurgencia, aparece la exaltación
al glorioso Ejército Nacional

 

 

La distorsión ocurre cuando, casi siempre aparejada con el insulto a la insurgencia, aparece la exaltación al glorioso Ejército Nacional. Me refiero a la odiosa exigencia de que se extermine a los criminales —léase las Farc—  y se restablezca el orden a manos de los buenos —léase las fuerzas militares—, desconociendo que asesinos, criminales y miserables son adjetivos que también han merecido en su momento los cuerpos del orden en Colombia, como lo demuestra una vez más la investigación del asesinato de Jaime Garzón.

Entender que la guerra en Colombia no es un conflicto entre buenos y malos, y que ambas partes han cometido atrocidades con iguales grados de perversión y sevicia, podría ser útil para emitir un voto más ponderado y sereno. O al menos debería serlo para quienes deseen que su voto sea dictado por el análisis y no por el odio.

 

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