Opinión

Homeopatía y quiromancia

Por:
mayo 19, 2014
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No existe un solo estudio con adecuados controles, en poblaciones estadísticamente significativas y con un margen de error medianamente aceptable, que permita siquiera sospechar que la homeopatía tiene un fundamento científico serio.

De hecho el más reciente y extenso análisis sobre el tema, desarrollado por el órgano gubernamental de salud e investigación médica de Australia, el National Health and Medical Research Council, sugiere de manera directa que “ningún estudio bueno y bien diseñado ha concluido que la homeopatía tuviera un efecto más positivo sobre la salud que el placebo, o que la homeopatía supusiera mejoras en la salud iguales a las de otro tratamiento”, al tiempo que asegura que "quien escoja la homeopatía puede poner en peligro su salud".

Se que a muchas personas les ha resultado útil la homeopatía y que los homeópatas no pierden oportunidad para recordarnos eso, pero no hay que tener dos dedos de frente para saber que la experiencia individual y la recomendación del terapeuta son absolutamente intrascendentes a la hora de validar una práctica.

Si bastara con clientes satisfechos y practicantes convencidos, tendríamos que reconocer como válidas la lectura del tarot, la carta astral, la tabla ouija o la parasicología. El hecho de que cada una de estas prácticas pueda ostentar creyentes fieles y "terapeutas"que las recomiendan, no valida de forma automática sus postulados.
La validación requiere un proceso científico que vaya más allá de los intereses particulares y económicos de quienes practican cualquier disciplina (por muy bien intencionados que sean) y que excluya el efecto placebo como causa de los resultados que se le atribuyen.

Es apenas lógico quea los practicantes de cualquier disciplina, si cobran por ejercerla, se les exija entregar a sus potenciales pacientes información precisa y certificada sobre lo que pueden esperar y lo que no.
Pero nada de eso ocurre.
La homeopatía se autoconfiere carácter científico mientras los estudios científica y adecuadamente diseñados continúan demostrando de manera sistemática y sostenida que los tratamientos homeopáticos ofrecen el mismo porcentaje de curación (o menos) que los placebos.
Resulta difícil de creer, pero aún así, dentro del imaginario popular la homeopatía todavía sigue ocupando un lugar al lado de las especialidades médicas cuando en realidad debería situarse en el mismo anaquel de la astrología y la quiromancia.

¿Estoy planteando que deberíamos prohibirla práctica de la homeopatía?
¡Por supuesto que no! Como no se debería prohibir a las pintorescas gitanas ofrecer sus servicios de lectura del futuro o a los restaurantes chinos ofrecer galletitas de la suerte.

El problema es que la mayoría de la gente acude al lector del tabaco o a la gitana adivina con una sana dosis de escepticismo que lo protege de la estafa (y que los medios de comunicación refuerzan adecuadamente) mientras que la mayoría de los pacientes que acuden al homeópata creen, en parte por la perjudicial moda de las medicinas alternativas y en parte por la ignorancia y el silencio de los medios, que acuden a un profesional que puede ofrecerles tratamientos con niveles de efectividad y validación iguales a los que les ofrecería el hematólogo o el internista, cuando lo que recibirá no es más que tiempo y placebos.

¡Y, ojo! No me parece poca cosa que los homeópatas dediquen, a diferencia de la mayoría de los médicos, el tiempo adecuado a sus pacientes. De hecho me parece una maravilla y en eso, justamente, radica su éxito.
Lo que pienso, como eventual paciente, es que tengo derecho a saber si las costosas gotas homeopáticas funcionan o si lo que funciona es el placebo de la conversación terapéutica con el médico y las goticas me las cobran porque es un maravilloso negocio.

Los interesados en la divulgación científica deberían dirigir sus esfuerzos más que a contradecir a la homeopatía —lo cual ha hecho y continúa haciendo de manera aplastante la ciencia misma— hacia un intento por desplazarla en el imaginario popular desde su actual lugar entre las prácticas médicas, hacia uno entre las pseudociencias, a donde efectivamente pertenece.

No deja de sorprenderme el rebaño naturalista y neohippie que levanta su voz enardecida contra las farmacéuticas que hacen de la salud un negocio (reclamo al que me uno de buena gana) mientras consume gotas florales o medicamentes homeopáticos sin principio activo alguno y producidos por empresas tan ricas como Merk o Pfizer.

No se debe prohibir la práctica de la homeopatía o de la bioenergética o del Feng Shui.
Simplemente se debe regular su ejercicio y profundizar en estrategias de tipo educativo que le permitan a la gente, antes de gastar su dinero en esas disciplinas, saber lo que cada una de ellas puede efectivamente ofrecerle más allá de la adjetivación de sus practicantes.

Todos tenemos derecho a gastar nuestra plata en la ruleta, la lectura del tarot o el reiky. Y ese debe ser un derecho indiscutible. Como debe ser indiscutible también, el derecho de saber que si un homeópata nos garantiza una cura, su garantía tiene la misma respetabilidad científica del horóscopo.

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