Estados Unidos: la economía esclavista del mal llamado "país de la libertad"

"Desconocer lo que nos muestra la historia es ignorar el presente que estamos enfrentando como humanidad"

Por: Paula Andrea Romero Angarita
julio 09, 2019
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Estados Unidos: la economía esclavista del mal llamado

Un país como Estados Unidos —donde la libertad es su carta de presentación ante el mundo y que ha forjado una imagen utópica de su vivir y ante todo de su economía— presenta falencias cuando su historia no muestra el mismo hecho emancipador. Un análisis histórico y político muestra, en virtud de explotar a beneficio del sector empresarial, a la "potencia capitalista" como un monopolio lleno de estrategias. Y es que este magnate norteamericano ha dado de qué hablar desde su independencia a finales del siglo XVIII. Podemos afirmar que su historia ha estado marcada por un paralelismo ideológico: el ser demócrata o republicano.

Actualmente, Trump como presidente republicano ha dado de qué hablar respecto a su compresión —o precisamente la nula comprensión—que tiene sobre el otro, es decir, el migrante. Tampoco vamos aquí a generalizar, no todo el partido piensa igual, pero siendo él su cabeza ante el mundo sus declaraciones dejan mucho que desear. 

Entre los variados ejemplos que su historia nos muestra —como la Guerra de Vietnam, su inmersión en 1965 en el golpe de estado y la masacre comunista en Indonesia, y otros varios que nos da la Guerra Fría— es puntual en esta ocasión retroceder hasta el siglo XIX y hacer una analogía de la interpretación que tiene Estados Unidos de su llamada "libertad". 

En la Guerra Civil —conflicto bélico disputado entre 1861 y 1865 entre la Unión y los Confederados— al ganar la unión, igualmente ganan los ideales antiesclavistas que Abraham Lincoln profesaba. No obstante, antes de afirmar que se generó completamente la manumisión de la esclavitud el 1ro de enero de 1863 (con el edicto de la emancipación declarado por Lincoln), hay que tener en cuenta que la esclavitud era un sistema económico que sustentaba, principalmente, a los Estados del Sur. Sistema económico en un país donde la mayor ambición estaba en las tierras y el dinero, no en  el movimiento antiesclavista. Muestra de ello es que en 1865 se agregó a la constitución de Estados Unidos la decimotercera enmienda: 

Sección 1. Ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.

Sección 2. El Congreso estará facultado para hacer cumplir este artículo por medio de leyes apropiadas.

Lo anterior generó, en una sociedad ávida de dinero, que el tecnicismo de la 13° Enmienda —la esclavitud no se da a excepción de castigo por un delito— fuese explotado inmediatamente. Por tanto, el arresto a personas de color por delitos menores fue un movimiento en masa, con el fin de recuperar la economía sureña. En otras palabras, hagamos de la "delincuencia" un negocio. 

La criminalidad negra ha sido un mito construido a partir de un afán económico de los blancos ricos para su plausibilidad financiera. Una concepción con la cual ha cargado la comunidad afroamericana durante el transcurso de más de un siglo, hasta la actualidad. Donde la verdadera criminalidad radica en los abusos de violencia ejercida por racistas antes y después de "abolida" la esclavitud. 

El historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de los Estados Unidos da un ejemplo de la situación: la industria carbonera a finales del siglo XIX y principios del XX movilizaba la mecanización del país,

"Para lograr todo esto se requerían una enorme cantidad de seres humanos para realizar el trabajo, que era matador, poco higiénico y peligroso. En 1891, a los mineros de la Compañía Minera de Carbón de Tennessee se les pidió que firmaran un 'contrato riguroso', mediante el cual se comprometían a no hacer huelgas, que les pagasen menos de un dólar. Se negaron a firmarlo y fueron desalojados de sus viviendas. Poco después, llevaron presidiarios para reemplazarlos" (Howard, 2006, p. 190). 

Las personas de color que no terminaron presas fueron subyugadas por un sistema racista, en el cual, competían con trabajadores inmigrantes —principalmente asiáticos e irlandeses— y blancos pobres. A finales del siglo XIX y en el transcurso del XX, Estados Unidos estuvo inmerso en diferentes huelgas de la clase obrera.

Las economías del norte como las de Boston eran un opulento centro de negocios entre individuos particulares que ejercían el poder adquisitivo y, por consiguiente económico; un ejemplo es el monopolio de la industria del ferrocarril. Este hecho generaba una lucha de los trabajadores —ante los ricos— y una lucha entre los trabajadores —por el puesto—. Una contienda de desigualdad que se desligaba de la clase, el sexo y la raza. Para completar, en 1876 los confederados del sur declararon las leyes de Jim Crow que degradaron y segregaron a las personas negras como segunda clase permanente. Ya para principio del siglo XX, era política nacional. Por tanto, aunque tuviesen libertad, el temor ante las violentas respuestas racistas los privaba de vivir plenamente.  

A 50 años del Black Power —en plena efervescencia del movimiento Panteras Negras— hay que recordar que la década del 60 también dio lugar al movimiento Chicano, así como El Movimiento de los Trabajadores Agrícolas.  No obstante, decir que estas luchas son cosas del pasado es manejar una mirada ingenua ante un país que actualmente cuenta con altos índices de inmigrantes informales quienes, ante la necesidad, solo cobran por su trabajo un par de dólares al día. Más aún, la xenofobia y el racismo hacia ellos no es nula. Encontramos palabras como nigga que llevan consigo una generalización del mito de la criminalidad atribuida a las personas de color que, como ya se expuso, se funda a partir de la posguerra civil. 

El hecho de que grupos de extrema derecha como el Ku Klux Klan aún existan, no solo es inquietante, sino atemorizante en un mundo donde supuestamente los derechos humanos hacen parte de la concepción de "sociedad". Por no hablar de las políticas y palabras alta y conscientemente discriminatorias del actual presidente Donald Trump hacia los migrantes. Por ejemplo, negar la residencia a migrantes que reciban beneficios sociales. Muestra del punto al que ha llegado la migración es la imagen que ha estado rondando por medios de un hombre y su hija ahogados en el Río Bravo, resultado del intento por cruzar la frontera México-Estados Unidos. 

Aunque la situación nos parezca alejada, la xenofobia hacia nosotros los latinos es parte de una ideología que cada día se alimenta. La cuestión es cómo tratamos y comprendemos al otro en una coyuntura migratoria que pone en relieve lo jerarquizada de nuestra sociedad civil, ligada a su vez de discursos polarizados desde los líderes políticos. Desconocer lo que nos muestra la historia es ignorar el presente que estamos enfrentando como humanidad. 

Para ver más:

Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. México: Siglo Veintiuno, c2006.

Dir. Ava DuVernay. Documental Enmienda XIII. Netflix, 2016. 

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