¿Es la educación un problema filosófico que merece ser pensado?

Son muchas las razones con las que se podría justificar esta aseveración, cada una dirigida a un propósito distinto. Una mirada

Por: Cindy Paola Lancheros Conde
julio 08, 2019
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¿Es la educación un problema filosófico que merece ser pensado?
Foto: Pixabay

Un problema se entiende, en general, cuando existen tesis distintas, y en algunos casos opuestas, de las cuales no podemos elegir solo una. Esto gracias a que ninguna de ellas parece ser 100% verdadera y/o 100% falsa; y tenemos la inclinación de escoger tanto una, como la otra. En el caso específico de la filosofía, encontramos distintos problemas que, en algunos casos, parecen estar refiriéndose a una misma cosa. Sin embargo, esto no es el caso, en la medida en que cada vez que se plantea un problema que en apariencia es el mismo, se hace en términos distintos, y con fines diferentes. De ahí que el campo de la filosofía sea tan amplio, y no tengamos respuestas concretas para dar luz a sus asuntos inquietantes.

A lo largo de la historia de la filosofía esta se ha centrado en los problemas que refieren a los universales: la justicia, la esencia, la belleza, y demás, son algunos ejemplos de este enfoque característico. Además de esta orientación existen otras muy variadas, dirigidas a distintas clases de problemas: paradojas (lógica), dualismo mente-cuerpo (filosofía de la mente), la relación entre lenguaje y realidad (filosofía del lenguaje), el conocimiento (epistemología), y muchas más. A partir de cada una de ellas se plantean distintas tesis que buscan acercarse a una respuesta concisa y completa a aquellos interrogantes. No obstante, como estas no son cuestiones triviales ni superfluas, la solución no es dada como por arte de magia, ni se puede aceptar de forma inmediata una respuesta como única e inequívoca. Y, es por esto mismo que son problemas filosóficos: cuestiones de alta relevancia para la curiosidad humana, que se enmarcan desde las cosas cotidianas, hasta las que a simple vista no tienen mayor relación con el entorno.

Con lo anterior puesto sobre la mesa, y para iniciar con el tema de la educación, considero pertinente delimitar lo que entiendo por este término. Pues bien, la educación es un elemento que se fomenta desde el desarrollo temprano del ser humano, con el cual se pretende enseñar a un individuo algún tipo de contenido. Así podemos hablar de dos tipos de educación. Una es la dada en casa, en la cual se incluyen cosas como los derechos, deberes, modales, y otras. Por otro lado, se encuentra la educación impartida por instituciones educativas como jardines, escuelas, universidades, y demás. Con esta última se busca enseñar determinados asuntos a los estudiantes, para que tengan un conocimiento general y después puedan especializarse en algo según sus intereses. Teniendo esto en mente, este tipo de educación puede ser transmitida en casa si pretende los mismos fines; de otro modo, puede ser categorizado en el primer tipo de enseñanza que expusimos.

Ahora bien, ¿por qué podríamos afirmar que la educación es un problema filosófico? Son muchas las razones con las que se podría justificar esta aseveración, cada una dirigida a un propósito distinto. Dentro de la educación podemos sugerir preguntas como: ¿qué es la educación?, ¿cuáles son los métodos adecuados y más efectivos para educar?, ¿por qué es necesaria la educación? Todas ellas pueden dirigirse por un rumbo distinto, como también pueden complementarse entre sí. Para comprender su relevancia filosófica, basta con mirar nuestro alrededor para fijarnos en el cómo se está educando. Cada país, e inclusive, dependiendo del tipo de institución educativa que sea (pública/ privada), las formas de educar son distintas. No hay una manera única para instruir y esto se da, en concreto, porque no existe un consenso general respecto a cómo se debe educar. Por esto es que se siguen analizando métodos y herramientas educativas que nos den luz frente a estas cuestiones. Además, a esto se suma el hecho de que cada alumno es distinto y aprende de forma diferente, lo que complica hallar un método inequívoco. Con estas reflexiones se evidencia el carácter problemático de la educación: hay cantidad de técnicas pedagógicas que parecen adecuadas (bien sea en la práctica y/o en la teoría), pero que no nos llevan a aceptarlas del todo, ni a negar las demás. Siempre se está abierto a considerar nuevas metodologías, mas no a comprometerse con alguna de ellas. Esta es la realidad de la situación actual —y quizá no tan reciente— de la educación.

Con lo anterior, ya podemos admitir de manera oportuna que la educación se instaura en problemas filosóficos. El siguiente paso es, en consecuencia, analizar si este tipo de dificultades merece nuestra atención. Cuando razonamos sobre la educación nos damos cuenta que existen diversos factores que inciden sobre nuestra concepción de la misma. Esto radica en que la educación es algo en lo que todos nos encontramos inmersos (bien sea directa o indirectamente); y es a partir de nuestra relación con ella, que cada quien toma un punto de vista de lo que evalúa como pertinente, y de lo que no. Este vínculo tan estrecho entre sujeto y educación es lo que hace que surjan diversas preocupaciones sobre el modo cómo ella (la educación) funciona, y sobre el por qué es necesaria. En el marco de estas inquietudes entran distintos criterios de lo que se considera fundamental en la enseñanza, y de lo que no; puntos de vista que se refieren a la apreciación de un tutor como “bueno” o como “malo”; y los gustos que cada tiene por determinados temas. Estas consideraciones se enmarcan en el papel que juegan directivos, profesores, estudiantes, y demás, dentro de la institución educativa. La posición que tiene cada uno de los mencionados es sustancial para comprender cuáles son las falencias que encontramos en la educación. Cada uno de ellos ve las cosas desde un punto distinto y, por tanto, en el de acto de analizar cada una de sus opiniones nos llevamos una idea mucho más clara de cuáles son los problemas específicos y preponderantes por los que atraviesa la educación.

Por otro lado, para ser más concretos y examinar la importancia de la educación —si la hay—, nos remitiremos al contexto de la educación pública en Colombia, donde encontramos graves dificultades que nos llevan a cuestionarnos algunos asuntos. La falta de recursos con la que subsisten este tipo de instituciones es un tema que está en auge en estos momentos. El problema aquí es la poca equidad con la que se les responde a estos establecimientos, ya que a pesar de las condiciones en las que ellos se encuentran, el gobierno parece ignorar por completo esta situación. A veces parece que al Estado le da igual lo que está sucediendo, o que considera que no vale la pena invertir en ellas. Esta es una situación bastante complicada para todos los que hacen parte de una institución educativa, pues no se tiene claro cuál es el mejor término para hacerse escuchar y así, poder llegar a un acuerdo. Más allá de casos particulares, si miramos con cuidado nos damos cuenta que, aunque los que están directamente implicados en estas problemáticas son los que más se ven afectados, es todo el pueblo el que se ve desfavorecido con este tipo de acontecimientos. A partir de esto se abre una nueva mirada, tomando a la educación como punto de partida, la cual nos lleva a discutir: cuál debe ser el papel del estado, cómo se están manejando los recursos en el país, y qué soluciones se le pueden dar a estas problemáticas. Con esto se evidencia el papel que juega la educación en la sociedad. Pues si se tuviera más en cuenta la importancia que tiene la pedagogía en la situación actual, pasada, y futura de nuestro país, es seguro que el desfinanciamiento —y muchas más dificultades— de este tipo de instituciones públicas no sería una preocupación.

Con lo dicho se vislumbra que estos temas están relacionados con cada persona, en tanto todos hacemos parte de una sociedad instituida de una manera específica. La educación es algo tan fundamental para nosotros, que hoy en día no concebimos que alguien pase toda su vida sin aprender algo más allá de cosas básicas. Puede que para las comunidades aborígenes la educación no sea algo elemental, y que en sus métodos de enseñanza no haya ninguna dificultad; pero el punto aquí es que no podemos compararnos con ellas, puesto que nuestras condiciones son distintas. Lo que debemos hacer es, en cambio, indagar el contexto de la educación desde nuestra propia postura, y no desde una ajena, para determinar posibles soluciones a las problemáticas mencionadas.

A modo de conclusión, quisiera extender la invitación a mirar de forma crítica cómo se está manejando la educación hoy en día. Con este tipo de reflexiones podemos tomar una decisión más acertada respecto a qué debemos hacer de acuerdo a nuestra posición en la sociedad. La llamada es a pensar qué podemos hacer si somos padres, estudiantes, administrativos, desempleados, y todo lo demás. Cada persona tiene algo que aportarle a este tema desde su posición y desde su perspectiva. La idea es que sigamos avanzando en constituir una educación que sea más inclusiva, gratuita, y de calidad; buscando métodos que sean más efectivos, y que se acoplen a casi todos los tipos de estudiantes (pedir que se adapte a todos los tipos sería algo demasiado ambicioso). Sin embargo, para conseguirlo tenemos que tomar postura frente a esto. Es hora que empecemos a tomar la iniciativa por nosotros mismos, sin esperar que alguien más lo haga. Con esto solo se busca que toda la comunidad se incentive a fomentar su pensamiento crítico por medio de la educación, para que cada persona se vea envuelta en variedad de problemas que, aunque a veces se vean incomprensibles e insolubles, son fundamentales y relevantes para nuestras circunstancias. Para finalizar, solo queda aseverar que es claro que la educación debe ser pensada.

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