En Colombia no hay pobres, sino empobrecidos

El sistema juega en contra de los oprimidos, haciendo que las oportunidades brillen por su ausencia y condenándolos a un laberinto sin salida

Por: David Sáenz Guerrero
marzo 05, 2019
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En Colombia no hay pobres, sino empobrecidos
Foto: MarijoAH12 - CC BY-SA 4.0

Hace un par de días transitaba por la avenida Villavicencio, de la misma ciudad. Cuando llegué al semáforo me di cuenta de que había una chica de tal vez 14 años, quien además de vender unas colombinas de mora, sostenía a otra pequeña en sus brazos. La joven madre se acercaba a los automóviles y ofrecía su producto. Yo iba en bicicleta, por tanto, a mí no se acercó. Aun así, logré notar que la chica estaba embarazada y que posiblemente tendría cinco meses de gestación.

Cuando el semáforo cambió a verde seguí mi camino. Por unos minutos quedé impactado por la situación que acababa de ver. Rápidamente y sin ninguna reflexión concluí que la gente es irresponsable y que pareciera que viviera en la Edad Media; en donde no era posible comprar condones. Seguí pedaleando y me olvidé de la situación.

En la noche me encontré con un amigo y le conté que salí a montar bicicleta. Cuando le estaba narrando mi paseo por la ciudad, recordé a la joven embarazada. Le comenté a mi amigo que había gente muy irresponsable y le expresé mi conclusión: hay gente que no es capaz de utilizar métodos de anticoncepción.

En seguida mi interlocutor me miró con cierta cara de asombro y comenzó un pequeño diálogo:

—Hombre, ¿cuántas veces a la semana una persona sexualmente activa tiene relaciones?— me preguntó.

—Creería que cinco veces— respondí.

—Bien, digamos que cinco veces a la semana. En las mejores circunstancias, en cualquier relación coital debería haber uso de condón. Ahora, si la persona tiene sexo cinco veces semanales, al mes serían veinte condones. Cada condón tiene un costo aproximado de $2000 pesos, lo cual daría como resultado que la persona tendría que invertir $40.000 pesos mensuales. De cualquier modo, ¿usted cree que una persona que vende colombinas de mora en un semáforo y que además tiene una persona como mínimo a su cargo pagaría $40.000 pesos mensuales por condones cuando ni siquiera tiene para comer? ¿Si su día está destinado a buscar el alimento, cree que va a pensar en métodos de anticoncepción? Y bien, así la persona pueda tener acceso a un método de planificación familiar gratuito, ¿será que conoce los procedimientos para obtenerlo, cuando puede que en muchos casos la persona ni siquiera haya gozado de alfabetización y escolaridad?

Cuando mi amigo me dijo esto comprendí mínimamente que el problema es más denso de lo que yo pensaba. Incluso recordé que mucha gente dice con cierto tinte de jocosidad que a la gente “pobre” le fascina tener hijos, puesto que mientras una persona acomodada tiene un solo hijo o decide no tener, la persona más sencilla puede llegar a tener un número grande de descendientes.

La respuesta de mi amigo me hizo pensar que si la gente no tiene las posibilidades para cubrir sus necesidades básicas, mucho menos tendrá para un lujo, que en este caso sería acceder a métodos anticonceptivos. Si las personas no cuentan con los medios para cambiar su historia o para desarrollar sus capacidades en realidad no son pobres, sino que son empobrecidas; es decir: todo el sistema juega a favor de arruinar al oprimido, de no permitirle ni siquiera del gozo de su sexualidad; don de la naturaleza que también pareciera que les fuera vedado.

Por supuesto que este escrito no pretende decir desde ninguna óptica que la pobreza se debe a la falta de dinero para comprar condones (eso sería de una desfachatez insoportable), solamente busca poner de manifiesto que el ciudadano común y corriente hace juicios ligeros sobre la situación de los más sufrientes de nuestra sociedad. Y, por otra parte, que en realidad la gente no es pobre por deseo, sino porque hay todo un sistema que se encarga de reproducir prácticas de dominación que no les permite a muchos seres humanos salir de su condición de empobrecidos.

Ahora bien, hay algo que también es importante decir: la niña que vende colombinas de mora en el semáforo es la representación de muchos seres humanos en este país. Muchos colombianos no han tenido las oportunidades para desarrollar sus capacidades, aquellas que la autora Martha Nussbaum expone de la siguiente manera:

  • Vida. Poder vivir hasta el término de una vida humana de una duración normal; no morir de forma prematura o antes de que la propia vida se vea tan reducida que no merezca la pena vivirla.
  • Salud física. Poder mantener una buena salud, incluida la salud reproductiva; recibir una alimentación adecuada; disponer de un lugar apropiado para vivir.
  • Integridad física. Poder desplazarse libremente de un lugar a otro; estar protegidos de los ataques violentos, incluidas las agresiones sexuales y la violencia domestica; disponer de oportunidades para la satisfacción sexual y para la elección en cuestiones reproductivas.
  • Sentidos, imaginación y pensamiento. Poder utilizar los sentidos, la imaginación, el pensamiento y el razonamiento, y hacerlo de un modo "verdaderamente humano", un modo formado y cultivado por una educación adecuada que incluya (aunque ni mucho menos esté limitada) la alfabetización y la formación matemática y científica básica. Poder usar la imaginación y el pensamiento para la experimentación y la producción de obras y actos religiosos, literarios, musicales o de índole parecida, según la propia elección. Poder usar la propia mente en condiciones protegidas por las garantías de la libertad de expresión política y artística, y por la libertad de práctica religiosa. Poder disfrutar de experiencias placenteras y evitar el dolor no beneficioso.
  • Emociones. Poder sentir apego por cosas y personas externas a nosotras y nosotros mismos; poder amar a quienes nos aman y se preocupan por nosotros, y sentir duelo por su ausencia; en general, poder amar, apenarse, sentir añoranza, gratitud e indignación justificada. Que no se malogre nuestro desarrollo emocional por culpa del miedo y la ansiedad (defender esta capacidad significa defender, a su vez, ciertas formas de asociación humana que pueden demostrarse cruciales en el desarrollo de aquella).
  • Razón práctica. Poder formarse una concepción del bien y reflexionar críticamente acerca de la planificación de la propia vida (esta capacidad entraña la protección de la libertad de conciencia y de observancia religiosa).
  • Afiliación. a) Poder vivir con y para los demás, reconocer y mostrar interés por otros seres humanos, participar en formas diversas de interacción social; ser capaces de imaginar la situación de otro u otra (proteger esta capacidad implica proteger instituciones que constituyen y nutren tales formas de afiliación, así como proteger la libertad de reunión y de expresión política.) b) Disponer de las bases sociales necesarias para que no sintamos humillación y sí respeto por nosotros mismos; que se nos trate como seres dignos de igual valía que los demás. Esto supone introducir disposiciones que combatan la discriminación por razón de raza, sexo, orientación sexual, etnia, casta, religión u origen nacional.
  • Otras especies. Poder vivir una relación próxima y respetuosa con los animales, las plantas y el mundo natural.
  • Juego. Poder reír, jugar y disfrutar de actividades recreativas.
  • Control sobre el propio entorno. a) Político. Poder participar de forma efectiva en las decisiones políticas que gobiernan nuestra vida; tener derecho a la participación política y a la protección de la libertad de expresión y de asociación.
  • Material. Poder poseer propiedades (tanto muebles como inmuebles) y ostentar derechos de propiedad en igualdad de condiciones con las demás personas; tener derecho a buscar trabajo en un plano de igualdad con los demás; estar protegidos legalmente frente a registros y detenciones que no cuenten con la debida autorización judicial. En el entorno laboral, ser capaces de trabajar como seres humanos, ejerciendo la razón práctica y manteniendo relaciones valiosas y positivas de reconocimiento mutuo con otros trabajadores y trabajadoras. (Crear Capacidades. Nussbaum, 2012, pp. 53-55)

Después de leer las capacidades centrales del enfoque de desarrollo humano, podríamos concluir que la situación de la joven madre que se encontraba en el semáforo es mucho más grave de lo que nos imaginábamos, puesto que evidentemente las oportunidades para desarrollar sus capacidades brillan por su ausencia. Esta joven mujer no ha logrado vivir en una sociedad que le permita elegir la manera en que quisiera desarrollarse. Tal situación ha de llamar la atención del Estado colombiano, que debería garantizar que ninguna persona en el país tenga que vivir a la expensa de la supervivencia y de la atrocidad del abandono.

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