El antioqueño que no quiere ser paisa

“Voy a deshacer esa patraña que llaman orgullo paisa”

Por: Diego Alejandro Morales Zapata
Junio 09, 2014
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El antioqueño que no quiere ser paisa

Hace años pienso en hacer algunas observaciones que surgen de una larga vida en esta región de nuestra amadísima Colombia, así es, verán que soy antioqueño y esto no es lo mismo que paisa, lo que explicaré más adelante. Recientemente presencié algunas polémicas virtuales y otras no virtuales sobre el asunto, así me animé a escribir; listo para una larga retahíla de insultos. Pude presenciar cómo alguien de alguna región del país hacía distintas observaciones públicas sobre Medelllín, Antioquia y su gente, lo hacía de manera respetuosa y bajo la lógica más primaria, el sujeto logró dejar claro que es precisamente eso lo que falta a la mayoría de quienes habitamos esta bella región, lógica; bella por su territorio y eso que no mucho, definitivamente no por su gente.

Empecemos por dejar claro algo: ¿Qué es ser paisa? La gente del común me contestará que haber nacido en Antioquia y hasta en la región cafetera, contestaran esto porque cuatro años de gobierno de Fajardo en Medellín, cuatro de Alonso Salazar y otros cuatro de Fajardo en la gobernación con el cuento de “Antioquia la más Educada” no le han servido a la gente para desarrollar ni pizca de capacidad crítica o reflexiva que les deje ver la gran falacia sobre este asunto. Cuando hablamos de “paisa” hablamos básicamente de un grupo étnico, con unas características lingüísticas (ese acento repulsivo), culturales, estéticas, una idiosincrasia y un origen común, que no corresponde necesariamente con habitar o tener origen en el territorio de Antioquia, en efecto, muchas personas no encajan en ese perfil siendo oficialmente antioqueños, como aquellos que viven cerca al Urabá, Chocó y Córdoba, incluso, hacia Caldas, Quindío y Risaralda ya las costumbres y el acento empiezan a cambiar, estamos también quienes logramos deshacernos de esa venda cultural que se nos impone desde el nacimiento. Tendrían que ver en otras regiones como a los antioqueños nos echan cuentos desde que nacemos. Así pues, no es lo mismo ser paisa que antioqueño; no todos los paisas son antioqueños ni todos los antioqueños son paisas.

Ahora bien, voy a deshacerles esa patraña que llaman “orgullo paisa” y lo digo con tanta seguridad porque desafío a cualquiera a que me demuestre la falsedad de lo que aquí planteo. ¿Orgullo de qué? De ser lo “mejor de Colombia”, eso me dirán porque los conozco y convivo con ellos diario, y qué es Colombia sino un país de barbaros, incivilizado, una fosa del tercer mundo, a dónde vienen los extranjeros a caminar en chanclas por todas partes, a inhalar perico y a comer prepagos o no prepagos que se regalan por la pinta de extranjeros monos y blancos. Por más plata en maquillaje que gasten los gobiernos eso somos para el mundo. Si en ser “lo mejor de Colombia” se basan, entonces estamos muy mal mis queridos coterráneos, muy mal, estamos tan mal que más que orgullo, si tuviéramos juicio y decencia nos daría pena, pero no, sacamos pecho.

Arranquemos pues con esos elementos en los que basan su orgullo y que esgrimen cual culebrero en plaza para sostener que “los paisas son lo mejor de Colombia”. En primer lugar, ¡taran! ¡el metro de Medellín! símbolo de pujanza, progreso y desarrollo, única ciudad de Colombia con metro, mucho mejor que el Transmilenio en Bogotá o andar sencillamente en bus. Todo esto es una verdad a medias. Yo monto en metro al menos una vez a la semana y lo que no le muestran a la gente (qué le van a mostrar con lo mentirosos que son) es que el metro de Medellín, en una hora pico, es igual al desprestigiado transporte en Bogotá, no se cabe en los vagones, filas interminables para quienes tienen que comprar tiquete o recargar la Cívica y hay que ver dónde les queda la tal Cultura Metro, hay que verlos empujando y peleando, casi sin poder respirar. Todo esto, claro, mientras sacan pecho por un metro de 1970, que viaja a 90km/h si mucho, cuando en el primer mundo van a 300km/h mínimo- ¿y a cuánto viaja el Transmilenio? me van a replicar, -yo qué voy a saber les diré, yo vivo en Medellín y esa tampoco es la discusión amiguitos. Uno no puede estarse comparando con lo más malo si quiere progresar, tiene que compararse con los que van adelante. Que belleza de pujanza y desarrollo los de esta ciudad, fundados sobre la inequidad y el empobrecimiento de miles, el metro simboliza ese progreso, claro, si buena parte de los beneficiados son los que no teniendo más alternativa viven del rebusque debajo de las estaciones. Hace días en un programa de radio escuché a una honorable senadora de ese antro que llaman Uribe Centro Democrático, haciendo alardes del Metro de Medellín y contra el sistema Transmilenio de Bogotá, en plena discusión sobre la destitución de Petro y claro, creando condiciones para que la gente se forme una imagen negativa de él; siempre es muy fácil hablar bien del metro, si uno viaja diario en camioneta blindada.

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Sigamos con algo más emotivo “La ciudad de la Eterna Primavera” quienes nacimos aquí y siempre hemos vivido en esta ciudad conocemos la realidad así nos neguemos a aceptarla. Tuve que ver como un visitante hacía la reflexión sobre que ese apelativo no es coherente con el clima real de la ciudad, le llovieron críticas espurias como que “al menos tenemos metro”. Ante esto solo puedo decir: señor Fajardo, usted está despilfarrando mis impuestos en la tal educación que le está dando a estas tapias. El Clima de la ciudad ya no es un clima agradable, no es el mismo de hace al menos veinte años porque los efectos del calentamiento global se notan y ahora es totalmente impredecible, veranos intensos combinados con un aire que es más humo de carro que otra cosa, inviernos igualmente fuertes que les tiran encima las barrancas a los pobres en las laderas de la ciudad, allá donde no llega la pujanza de los paisas, pero como esos no son los riquillos del Edificio Space, a quienes les pagaron tres millones mensuales de arriendo mientras los acomodan y se vino todo el mundo a atenderlos. Me dirán los listillos que eso son invasiones, pues yo les respondo que son seres humanos, colombianos y como tales merecen la misma atención por parte de la sociedad. Así mismo, se crecen las corrientes en el río, ahogando personas que se ven obligadas a vivir en sus alcantarillas, al mejor estilo de Futurama, esos mismos que el señor Aníbal Gaviria manda recoger y encarcelar, bajo el delito de ser pobres y oler feo, esto cuando hay eventos internacionales, porque eso sí, solapados y lambones los colombianos y sobre todo los paisas como nadie en el planeta.

Qué tal ahora el asunto de la cultura paisa, de la que tanto se enorgullecen y que tanto exaltan, claro que no voy a abordar este asunto en su totalidad por lo tedioso que resultaría. Si estuviéramos en Estados Unidos, una sociedad donde el conocimiento merece aprecio, los paisas serían vistos como ven a la gente del sur: ruidosos, burdos, reaccionarios, ignorantes, toscos conservadores y retardatarios, esos que quisieron mantener el esclavismo, esos que con sus valores decadentes pretenden impedir el avance de la sociedad (todo esto manteniendo las proporciones) y así como allá eligieron al texano Bush, aquí elegimos al paisa Uribe, solo que allá claro, aprendieron y se arrepintieron. Lo mismo aplica bien para el acento, ese acento que semeja en alguna medida el de ciertas regiones de España, solamente que todo lo que nos legaron esos bárbaros que invadieron y saquearon los pueblos americanos es malo, no para reconocer. Por otro lado, tenemos un catolicismo amañado, mientras un expresidente encomienda el país a la virgen o al divino niño, por el otro lado comete los peores actos de autoritarismo y corrupción, como cualquier sicario en Medellín que anda lleno de camándulas o tatuajes de la virgen y es devotísimo, tampoco señalen a nadie, que así es la religiosidad de todos los paisas. Aquí mismo incluyo el asunto de la gastronomía, sacar pecho por eso más parece una bufonada que cualquier cosa, la tal bandeja paisa, que no contiene sino grasas, carbohidratos y harinas más parece veneno; si sabemos hoy lo dañino que es para la salud consumir ese tipo de cosas en tal cantidad y hay que tener en cuenta que buena parte de lo que contiene esa bandeja constituye la dieta normal de los antioqueños. Interesante es ver cómo el folclorismo llega al punto de creer que esa comida solo se come aquí, se creen autóctonos los paisas, pero saliendo sabrán que los mismos ingredientes y combinaciones se consumen por toda Latinoamérica.

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“La bandeja paisa no contiene sino grasas, carbohidratos y harinas”

Este es otro elemento no extraño al subdesarrollo mental y al tercermundismo, ese folclorismo ignorante que tiende a rechazar todo lo que sea externo o diferente, que no entiende las formas del visitante y las desacredita, eso sí, no con todo el mundo, basta que vean un gringo para que compitan por quién le sirve mejor y las mujeres se regalen. Es toda esa gente que dice Colombia o Antioquia es lo mejor, pero no conocen otro país pero se van a lavar inodoros a otro lado a la primera oportunidad, como diría Fernando Vallejo. No puedo dejar de mencionar algo que se ha tratado mucho y es esa cultura del vivo, del avispado, de buen negociante, que no es más que ser ladrones y asaltar a nuestro semejante en su buena fe. Dista mucho del valor de la confianza, propio de las sociedades civilizadas, que es necesario en toda sociedad para el crecimiento y el desarrollo económico capitalista en proporciones significativas. Los paisas son tan buenos para tumbar pastusos como buenos para dejarse robar de los gringos, con quienes son los más arrodillados y se dejan quitar hasta los cordones de los zapatos, sino recuerden ese tratado de libre comercio que negoció Uribe con los americanos.

¡Atájenme este!, que seguro es de lo que más les va a chocar. Soy antioqueño porque nací y he vivido siempre en Antioquia, no soy apasionado por el fútbol pero veo la Champions y los partidos de La Selección, no me gusta en general el fútbol colombiano por su mala calidad, pero hay que reconocer que atenta contra cualquier dejo de inteligencia que se enorgullezcan los paisas de ganar títulos ante nadie, porque eso son los equipos colombianos, nadie. Hay que estar muy alienado para celebrar copas de un equipo que es del mismo dueño que el torneo. ¿A quién le ganó Nacional? ¿Al Junior? Eso lo dice todo, así mismo hay que preguntar cómo un equipo con tanta financiación no obtiene resultados internacionales.

Pero como Medellín no es Antioquia, eso también merece una mención. Belleza de departamento con las vías completamente destruidas después de haber tenido un presidente demagogo, que exalta el regionalismo para ganar votos y no aportó nada al departamento en ocho años, pero claro, en Antioquia es dónde más votarán por él, aun cuando Santos ha hecho más por este territorio en solo cuatro años. Maravilla de departamento dónde los niños se mueren de hambre en los municipios más alejados y nos hacemos de la vista gorda, departamento que Juanma ha destruido ambientalmente con su minería rapaz, no sin la ayuda de su antecesor. Hoy en día gobernado por un tecnócrata neoliberal como Fajardo, que no lo piensa dos veces en echarle el ESMAD a los mineros pobres que extraen los recursos del suelo que les pertenece pero que el gobierno le dio a los extranjeros, Fajardo, que se gasta la plata en educación pero este pueblo sigue igual de ignorante, Fajardo, que cree que desarrollo es igual a cemento.

Qué le dejaron los paisas a Colombia en su historia reciente, si a eso nos vamos aquí les dejo: Narcotráfico, Cartel de Medellín , paramilitarismo sembrado como CONVIVIR y nos pondrán a Uribe, que hará hasta lo imposible por llevar a cabo la reforma constitucional para ponernos por cuarta vez a su Patrón. Incluso si nos remontamos más en el tiempo, la tal colonización Antioqueña fue un acto de barbarie pura contra el medio ambiente, destruyeron cuanta selva y cuanto bosque encontraron, de manera coherente con su naturaleza rudimentaria.

Pablo Escobar

Pablo Escobar

Me faltaron tantas falacias por desvirtuar pero sé que para muchos no es agradable leer estas cosas. Siendo una exageración apropiada, leí un tweet de alguien que explicaba: “todos los problemas de Colombia tienen su origen en Antioquia” a propósito de que la mayor parte de la diferencia con que le ganó Oscar Iván Zuluaga a Juan Manuel Santos en primera vuelta la obtuvo en Antioquia. Quiero terminar con algo importante, no escribo esto solo por llamar la atención o criticar estérilmente, lo hago porque soy convencido de que es posible cambiar como seres humanos, cambiar la historia y nuestra realidad, pero para eso es necesario aceptar nuestros limitantes y dejar de exaltar nuestras falencias como si fueran virtudes. No podremos avanzar ni superar estas negativas cuestiones si cuando nos las señalan nos enfadamos y arremetemos contra el que lo hace mas no contra nosotros mismos.

Al que me conteste ¿por qué no se va? Le voy a responder que estoy esperando a que usted me de la plata para irme.

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