El fracaso olímpico del modelo Char en la administración Pumarejo

Algunos problemas de Barranquilla, la inseguridad, la violencia y la pobreza, se han exacerbado en los últimos días. ¿Qué tienen que ver el alcalde y el clan Char?

Por: Giancarlo Silva Gómez
octubre 07, 2021
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El fracaso olímpico del modelo Char en la administración Pumarejo
Foto: Twitter/@@jaimepumarejo

Hace carrera en Barranquilla un chisme de alto turmequé que explicaría la debacle de esta ciudad en la estrategia contra la criminalidad; una información que ya es vox populi y que no sacará El Heraldo en sus editoriales virales, que no será objeto de una entrevista en Atlántico en Noticias y que Zona Cero pasará por alto: el divorcio entre el alcalde Pumarejo y la casa imperial de la Arenosa, en franco detrimento de la gobernanza distrital.

No se conocen a fondo las razones que motivaron esta escisión que se maneja aún entre algodones, ni quién dejó a quién, pero salta a la vista que los Char se están desmarcando del figurín, y por eso su incompetencia y desconocimiento se han hecho más notorios. Ni los periodistas mercenarios han podido salvar a Pumarejo, pues la opinión pública siente en la piel el flagelo de la inseguridad.

A causa de lo anterior, lo que está ocurriendo en Barranquilla era predecible.

El modelo salvaje de comprar simpatía y favorabilidad con cemento, concesiones, fútbol, medios de comunicación de bolsillo, populismo barato y un clientelismo descomunal no soportó la recientemente desatada ola de violencia e inseguridad.

La estrategia fue simple: acabar con lo poco que quedaba de cohesión social en la metrópoli costeña a fuerza de imponer los intereses de un emporio político y económico, mientras que los grupos de crimen organizado ganaban terreno y se preparaban para imponer un régimen ilegal en los sectores más deprimidos de la ciudad.

A fuerza de demoler, remodelar, recuperar y conjugar todos los verbos construibles, le dieron vida a una generación de megacontratistas que detentan su poder bajo el radar y lejos de los flashes. Solo un par de ellos, en un afán populista y distractor, construyen monumentos de vidrio y se muestran filántropos. El tema paisajístico es importante, y lo disfruto mucho, pero no debe ser la piedra angular de una administración en una ciudad con tantas carencias. Lo de los arroyos es loable, pero no responde al problema de los homicidios diarios. Lo de los parques es importante, pero no se compadece con el crecimiento exponencial de la pobreza. Y podría seguir dando ejemplos.

Los medios de comunicación son una burla a la opinión pública, o lo poco que queda de ella, pues los emperadores son propietarios del periódico más leído, la emisora más escuchada y controlan los medios digitales que, en últimas, son brazos de los anteriores; la nómina de periodistas es el ala fuerte de su movimiento político y manejan la agenda informativa a placer. Las encuestas son manejadas adrede y sin descaro para no poner en evidencia el fracaso del modelo olímpico.

Pero el grueso de la defensa del método electoral es el clientelismo: perros bravos sueltos esparcidos en redes sociales regalando “izquierdazos” por doquier, como si ser adepto a este grupo fuera una especie de elixir democrático o de orgullo, de un proselitismo obediente y poco deliberativo, defensores de un statu quo de estómago que no sabrán qué hacer cuando termine la hegemonía.

Señor Pumarejo: no es hora de buscar el problema arroyo arriba mientras aparecen cuerpos desmembrados, ajustes de cuenta entre bandas criminales, fronteras invisibles y luchas territoriales; ya ha demostrado con creces que no tiene la experiencia administrativa necesaria para tan altos menesteres y que su pésimo manejo del tema de la seguridad y la convivencia ciudadana abre las puertas a la fractura de la hegemonía del grupo olímpico en la ciudad.

La única inversión en la gente es el pago de los votos a los mochileros de los barrios deprimidos de la ciudad el día de las elecciones; no se gastaba en participación y cultura ciudadana porque no daba votos para posicionar este experimento político. El distrito se llenó de políticos que quieren recoger frutos de árboles que nunca sembraron y hoy todos pagamos las consecuencias.

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