Colombia 2018, escenario de incertidumbre electoral

Este ensayo de tipo académico analiza el panorama ante las próximas elecciones presidenciales

Por: Javier Loaiza
Febrero 03, 2017
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Colombia 2018, escenario de incertidumbre electoral

Las expectativas, temores y anuncios de los últimos tiempos permiten catalogar el inmediato futuro del país como un escenario de mediana incertidumbre. En este ensayo pretendo identificar cinco espacios estratégicos entre los que se podría mover “la cosa política”, de modo que sirva a los electores y analistas para definir las candidaturas y sus preferencias.

Lo primero, es significar que normalmente las elecciones uninominales, como son las presidenciales, se definen entre dos polos de tensión. Los electores deciden entre más de lo mismo o algo distinto. En este caso, identificamos dos espacios que, a pesar de ser antípodas, representan más de lo mismo, de la política de los últimos cuatro períodos presidenciales y que ha generado altos niveles confrontación y saturación y, tres espacios que podrían representar, de alguna manera, el algo distinto.

Segundo, es importante tener en cuenta que los análisis no se deben quedar en nombres de candidatos, de sus trayectorias, capacidades e incluso el temperamento, como suele ocurrir, sino de los escenarios que representarían para determinar sus opciones más realistas de aquí a las elecciones.

En tercer lugar, es clave que el objeto de análisis se centre en la primera vuelta presidencial, pues como se sabe, al final en la segunda se definirá quien sale elegido y el resto se acomodarán de acuerdo a sus intereses o eventuales afinidades.

Además, es necesario considerar que una cosa son las elecciones presidenciales y otra muy distinta las de Congreso y que, por mucho que se pretendan predefinir opciones con base en apoyos políticos, los congresistas una vez elegidos en marzo y con su curul en mano, ya no juegan a fondo y en su apetito y ambiciones no tienen recato en moverse para tratar de apostar a ganador.

Tal como están las cosas y ante la variopinta cantidad de aspirantes y la incertidumbre entre los espacios como aparecen, hoy no parece probable que alguien gane en primera vuelta. Algunos de los muchos que aparecen hoy podrían servir eventualmente como fórmulas vicepresidenciales  aunque es preciso tener claro que un vicepresidente si no le asignan algunas funciones administrativas u operativas, queda relegado como una llanta de repuesto al lugar más profundo y oscuro del baúl del carro,

Por último, es importante agregar que en este régimen presidencialista llevado a extremos, en el que todo el poder está concentrado en un individuo, quien además de someter al Congreso y la justicia, por la vía de incentivos financieros, ahora llamados “mermelada”, repartidos entre la clase política, justicia, los organismos, de control, los aparatos seguridad del Estado, igual hace con la gran empresa y los medios de comunicación. Así, nos encontramos que todos los posibles candidatos presidenciales están haciendo curso para autócrata, si seguimos la premisa del célebre economista peruano Hernando De Soto cuando afirma que, por la vía electoral, cada tanto escogemos por voto a nuestro dictador, tema sobre el cual trato a profundidad en un libro que acabo de terminar y, que muy probablemente saldrá con el título Autocracias Electorales en América Latina.

Una vez en el poder, si hacen, realmente hacen lo que les viene en gana, y cuentan con el respaldo de una serie de analistas y opinólogos que afirman sin empacho que para eso los eligieron y que al tener el poder lo que deben hacer es mandar. Al fin y al cabo, los ejes centrales de la política colombiana en los últimos tiempos han sido el clientelismo y el populismo, donde no hay ni ha habido posibilidades de construir un sistema de pesos y contrapesos, como le llaman  los norteamericanos el check and balances.

Los espacios, posturas o bloques, o campos como les denominaría Bourdieu, serían: De transición, Anti acuerdo, Nacionalista, Anti-todo y, Nuevo país.

Por lo menos los cuatro primeros adolecerán de propuestas estratégicas con visión de país a diez o veinte años. A modo de ejemplo, pensemos que la FAO y la UNESCO han dicho desde hace ya varios años que Colombia es uno de los pocos países que se podría convertir en una despensa alimentaria del mundo. Ni el gobierno, ni los políticos, ni las universidades, ni los poquísimos centros de estudio, ni nadie se percatan, ni son capaces de impulsar un ideario de esa naturaleza que le defina un perfil a Colombia basado en principios de soberanía alimentaria, desarrollo e integración.

Los dos primeros, como polos opuestos en el mismo paradigma de la paz o la guerra, como dos caras de una misma moneda, tienen asegurado su espacio en la contienda electoral, mientras que los graves problemas estructurales se dejan sin atender y, cada día empeoran más. Claro que las candidaturas a pesar de tener muy definidas sus posturas sobre el tema y contar con sólidos respaldos deberían tratar de mantener algo de distancia con los dos personajes que los han representado en estos dieciséis años, Santos y Uribe.


Política de Transición

Nadie que sea tan obtuso de tratar de parecerse a Santos podrá pelechar, pues la personalidad mitómana y manipuladora del presidente es difícil de emular, y buena parte del país está notificado de su perversidad. De otro lado, Uribe se está quedando sin política, pues desde 2001 su discurso ha sido acabar con las Farc y, mal o bien, con los cuestionados acuerdos de Santos, esa organización desaparece, al menos como marca. Encima de ello, la omnipresencia de Uribe desde hace casi veinte años tiene saturados los espacios de comunicación, pues al menos cinco o seis veces cada día la gente lo escucha sobre lo divino y lo humano, produciendo una saturación cercana al hartazgo.

En ese orden de ideas, los dos primeros espacios de acción se delinearán en torno de propuestas de profundizar la llamada reconciliación y el postconflicto y abrir espacios a los exguerrilleros y narcotraficantes para “construir una paz estable y duradera”, que los otros consideran la entrega del país a los bandidos. Será una fórmula de populismo y clientelismo politiquero con algo de discurso de izquierda que prometerá acabar con los pobres y eliminar las injusticias, en una especie de socialdemocracia reivindicativa. Representa la alianza entre la vieja y costosa oligarquía bogotana y de otras grandes ciudades, con los dineros del narcotráfico y la guerrilla.

Ese bloque estaría integrado por los electores de los partidos Liberal y de la U., con sectores intelectuales y, amigos viejos y recientes de las Farc. En ese espacio hay una proliferación de aspiraciones que van desde Galán, Benedeti, Roy Barreras, Naranjo, Humberto De la Calle y otros más que podrían salir de esas toldas. Ahí ya hay un avance importante, pues Don Timochenko, como habrá que llamarle por ahora, decía con bastante realismo, que había que hacer una alianza para la transición con un candidato que fuera garantía para ambas partes y que, según pareciera no podría ser otro que De la Calle.

En la primera vuelta presidencial en el 2014, Santos a pesar de todo el poder del gobierno y de los medios apenas llegó a 3,3 millones de votos, lo que permite pensar que este bloque podría acercarse a los cuatro millones si se le suman los sectores de izquierda que están jugados por esa opción.


Política Anti-acuerdo

Liderada por Uribe y su partido, Centro democrático, aparece la opción que se opone por principio al Acuerdo Santos-Farc y que seguirá con su postura marcada de no a la impunidad y la entrega del país al “Castro-Chavismo”. Esta opción política representa un voto programático aunque con un fuerte componente caudillista por la sobresaliente figura de su inspirador. Se podrán presentar, de acuerdo con los precandidatos de esa corriente, algunas iniciativas adicionales relacionadas con la autoridad, el orden y el manejo responsable de la economía. Ahí aparecen hasta ahora Oscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque y Luis Alfredo Ramos. En su estilo, Uribe jurará que garantiza el debate abierto y democrático, pero al final se terminará escogiendo el de sus preferencias.

Este grupo, de acuerdo con los resultados de mayo de 2014, en que Zuluaga obtuvo 3,7 millones de votos, es un voto independiente de las seducciones del poder y cautivo afecto al expresidente, pues ninguno de sus precandidatos tiene nada que aportar como base electoral. Sin embargo, por el desgaste de la puja anti-Santos y la sobresaturación de la figura de Uribe, podría incluso perder algo esta vez, para quedar en poco menos de los tres y medio millones.


Política Nacionalista

Como una opción que se desmarque de las dos anteriores y que trate de representar algo distinto, surge un espacio que parece irse abriendo camino, bastante populista, clientelista, que llame a la autoridad, a la recuperación del orden y una forma reinventada de nacionalismo criollo. Se enmarca dentro de una nueva tendencia que se está presentando en algunas partes del mundo, basada en  el populismo personalista, autocrático y nacionalista. Reconocerá los acuerdos, pero les pondrá freno en tiempos y en intensidad de su ejecución, tratando de presionar alguna forma de matizar los puntos más conflictivos en que se centran las dos posturas anteriores.

Se dirá, por ejemplo, que en su gobierno nadie le va a decir a Colombia cómo manejar sus relaciones y sus problemas, por supuesto, no Cuba, ni Venezuela, ni Ecuador, y menos, Nicaragua; reclamando soberanía, autonomía y carácter del gobierno para manejar sus asuntos internos sin las meloserías de Santos con los vecinos.

Se dirá por supuesto que los bandidos narco-guerrilleros no se van a tomar el país por vía de los acuerdos y que una cosa es la paz y otra la entrega, pues lo que se necesita en Colombia es eficiencia en la gestión del Estado y la recuperación del orden y los valores tradicionales. Ahí aparece con gran opción Vargas Lleras al que se suma la propuesta desde un perfil religioso del exprocurador Ordoñez, que está por verse si recoge algunos sectores católicos y conservadores a ultranza.

Electoralmente no hay fuertes indicios de qué guarismos pudieran alcanzar, vista la primera vuelta del 2014, aunque por los resultados al congreso y elecciones locales del partido de Vargas Lleras, podría esperarse que obtenga entre uno y 1,5 millones. Aunque, ojo, si se abre camino esta política, con una campaña efectista y populista podría volverse definitiva y jugar a fondo en la primera vuelta, arrastrando votos de los dos anteriores bloques.


Política Anti-todo

En la puja inicial estarán otros muchos con posturas un poco más descoloridas, algunos tratando de conseguir reconocimiento y fuerza electoral propia. Entre ellos aparecen los candidatos de una izquierda ya tradicional menguada y dividida, que se repartirá sus votos entre Clara, Robledo y Petro. Sus propuestas serán como siempre son bastante ideologizadas, anti-capitalistas,  clasistas obrero-populares-campesinas, y con llamado a la movilización de las masas para construir un país arrebatándolo a las oligarquías explotadoras. En relación con el proceso de paz, no tendrá queja ni reparo e insistirán, como el primer bloque, que es lo mejor que le hubiera podido ocurrir al país en el último medio siglo.

Este espacio no cuenta con lo que pudieran movilizar electoralmente las Farc, que jugarán a sus propios intereses en la política de Transición. Así las cosas, podría ser también, si van unidos algo bastante improbable, que sumen alrededor de millón y medio de votos.

En este bloque aparece igualmente la propuesta solitaria, de quien por su estrategia comunicativa algunos la ven camorrera, Claudia López, quien aportará a la campaña el oficio de sacarle los cueros al sol, al resto. Si sigue su política de pelearse con todos, de descalificar a todos y abanderando su anunciada propuesta anti-corrupción, se quedaría en  este espacio; sin embargo, si hace una campaña más propositiva, más reposada y más inteligente, podría ubicarse en el campo siguiente, de Nuevo país.. Bastante loable y complicada la campaña, en un país en que se ha generalizado el clientelismo, la corrupción y la cultura mafiosa, resumida en la “ley del vivo”. No es posible aventurar electoralmente qué pueda obtener si va hasta la primera vuelta en este espacio.


Política de Nuevo país

A pesar de estos los cuatro espacios estratégicos que parecieran no llevar a ninguna parte, habría posibilidades de una quinta opción, que demostraría hasta qué punto este país ha evolucionado y alcanzado un importante nivel de madurez política. Es una opción independiente, más des-ideologizada y pragmática, Sería una especie de postura más centrista, más realista, más prospectiva, con la sugerencia de un nuevo modelo de país después de las refriegas violentas y verbales de todos estos años. Que proponga pasar la página, ajustar y arreglar los cuellos de botella de la justicia, la salud, la educación; que promueva el fortalecimiento regional y de las ciudades en este país con casi el 80% urbano -alguien decía que si queremos cambiar el país hay que mejorar las ciudades-. Una propuesta que empiece a reducir el centralismo presidencialista, que se comprometa con acabar la impunidad y remplazar la politiquería y el clientelismo por la meritocracia de verdad, no de papel.

Una opción que plantee una visión de país a mediano y largo plazo. Algo sencillo, claro, poderoso y cautivante, que sea capaz de estimular la acción, como por ejemplo lo hizo ya hace 45 siglos Moisés, a quien se podría llamar el padre de la comunicación política: conducir a su pueblo a la tierra prometida, donde habría ríos de leche y miel.

Habría dos antecedentes para pensar en ello. En la primera vuelta presidencial en 2014 los dos candidatos polarizados obtuvieron votaciones así: Zuluaga 3.769.005, Santos 3.310.794. Entre tanto, las opciones de Marta Lucía Ramírez, Clara López y Enrique Peñalosa, puestos aparte de la confrontación y con propuestas un poco más centristas, por llamarlas de algún modo, sumaron más de cinco millones de votos. Esto podría significar que una buena parte del electorado urbano, clase media, está hastiado de la confrontación y no descarta la idea de algo más pragmático y racional.

El plebiscito, a pesar de que las encuestas y el gobierno ni lo sospechaban, fue ganado por los del No, con una votación de casi seis y medio millones, aunque al final, en su estilo y costumbre Santos se pasó por la faja la voluntad popular y siguió adelante luego de reuniones y reuniones, con el pretexto de que habían ganado por apenas sesenta mil votos.

Para el propósito de este ensayo, se podría especular, pues no hay investigaciones ni estudios sobre la composición de esos dos electorados, el del Sí y el del No. Por el Sí estaba el gobierno seduciendo alcaldes y gobernadores y casi toda la clase política gobiernista, sumados los votos de la izquierda y un importante sector de clase media intelectual de tendencia izquierdista. Del otro lado, una base fundamental de votos de la oposición uribista que podría estar en los 3,7 millones mencionados, sectores más independientes como los que representaban Marta Lucía Ramírez, quien aparentemente representa cerca de los dos millones que obtuvo en marzo de 2014, sumadas las asociaciones de víctimas, y algunos sectores religiosos que se activaron con el tema de la ideología de género, que podrían completar esa votación.

Esos dos, la primera vuelta del 2014 y el plebiscito, podrían dar luces de una especie de nuevo electorado más independiente que, aburrido de las posturas populistas y maniqueas de los dos bandos polarizados reaccionaran y alcanzaran a pasar a primera vuelta con algún candidato que ofrezca un nuevo modelo de país, que más que un recetario con respuestas a todos los temas se defina por una visión de país. Podría ser alguien como Marta Lucía y/o Fajardo. El asunto es que tendrían que buscar aproximaciones, aunque bastante difícil pues ambos tienen egos superlativos. Y si, al final, se aliaran Claudia López e incluso con Ordoñez, podrían estar en la pelea para segunda vuelta.

En ese orden de ideas, si las votaciones llegaran los catorce millones de votos, este último sector podría sumar 3,5 millones lo que le pondría en la pelea de la segunda vuelta, con grandes posibilidades de triunfo.

Lo que definitivamente no parece vislumbrarse en esta coyuntura es la aparición de algún outsider, alguien de fuera de la política con propuestas de borrón y cuenta nueva, como surgieron en otros países latinoamericanos en los primeros años de este siglo.


Matriz de espacios estratégicos

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Los espacios planteados permitirían construir una matriz de intereses y opciones a modo de cuadrante, en que el que se situarían los bloques y los candidatos entre opciones de populismo/pragmatismo y, clientelismo/voto independiente. Permitirá ubicar los candidatos en función de su  origen, sus compromisos y sus propuestas. Así, en la base del eje X, aparecería como el más clientelista y populista el bloque de Transición. Al lado aparecería el bloque Anti-acuerdo. Así, en la base de X se juntan las dos posturas de más de lo mismo. En la parte superior estarían las alternativas incluido el Anti-todo.

Sobre el eje de Y, arriba de bloque de Transición, aparecería la opción Nacionalista. Y en la punta superior derecha, se podría colocar la opción Nuevo país.

En la mitad de los cuatro cuadrantes resultantes, estaría más pequeño el espacio Anti-todo.

Con ello, los candidatos, analistas, periodistas y por supuesto los electores podrían identificar la postura de cada candidato, e incluso de una vez ir definiendo sus preferencias. Incluso hasta al sector empresarial le podría servir para prepararse para el escenario post-electoral.
Si quiere más de lo mismo en sus dos matices, si quiere algo distinto entre el nacionalismo y el anti-todo, o si se aventura a apostarle a construir una nueva realidad. Espero que este trabajo ayude desde ya a ir definiendo las preferencias pues, al fin y al cabo como se ha dicho, al que no sabe para dónde va, cualquier camino le sirve.

Esta matriz podría servir para revisar las  campañas más desde el punto de vista de temas programas y compromisos, a diferencia de las campañas convencionales que se manejan con tres criterios: dinero para comprar adhesiones, liderazgos locales y regionales para que hagan clientelismo o incluso compren votos; manejo de medios -compra de publicidad y participación en programas de opinión- y titulares de impacto; y, incluso manipulación de encuestas, como lo explico ampliamente en mi libro La Farsa Electoral.


Las bancadas

Para otro escrito entraré en más detalle sobre las opciones de bancadas al Congreso, sin embargo, vale la pena adelantar que las expectativas sobre las listas de candidatos por partidos, sus posturas y sus campañas, harían prever que, en todo caso, el bloque clientelista de Transición se podría llevar la mitad al menos de la representación en Senado y Cámara, al que se sumarían las curules de la izquierda atomizada. El resto, se repartiría entre los otros tres bloques sumados, aunque lo de los conservadores está por definir si siguen prefiriendo estar mal acomodados en el Santismo o irse a buscar un espacio propio. Así las cosas, de ganar en segunda vuelta una opción diferente de la Transición, la gobernabilidad de ese presidente podría estar seriamente comprometida.


El Socialismo del siglo 21

Ahora, para terminar, no quedaría el cuadro completo si no se mira la que sería la agenda de las Farc, en esta coyuntura. Con sus múltiples amigos, unos viejos de toda la vida y otros muchos oportunistas de nuevo cuño pasa, primero, por la consolidación de los acuerdos y la garantía de las conquistas obtenidas de Santos. Buscarán conseguir unas cuantas curules extras en el Congreso adicionales  a las que les garantiza el Acuerdo, para empezar a hacer presencia mediática y apoyar un eventual presidente que les brinde espacios en el gobierno, todo esto para el 2018.

Luego, para el 2019, con sus más de 6.000 guerrilleros y otros tantos milicianos, regados por todo el país, en todos los pueblos de Colombia, disciplinadamente y sin afanes económicos por cuenta de los sueldos que les pagará gobierno, se dedicarán a hacer política en los pueblos. Una política simplista y muy fácil. Criticar a los ineficientes y corruptos alcaldes y afirmar que ellos sí van a recuperar lo público para el pueblo. se organizarán como un partido de masas con una férrea y efectista disciplina de estilo estalinista. Su objetivo será entonces construir y consolidar un poder político local. Ganar unas cuantas alcaldías y conseguir concejales en cada municipio y, uno que otro diputado departamental. Para entonces sí, al 2022, ir con todo con su modelo de Socialismo del siglo 21.

En contraste, la atomización y el cortoplacismo de las demás fuerzas políticas, que poco a poco irán desapareciendo o siendo absorbidas por bloques más definidos, de acuerdo con sus intereses particulares de sobrevivencia y presencia política.

Sin embargo, pues según lo planteado y un poco pensando con el deseo, no todo está perdido.

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