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Santos acorralado y el país más golpeado

La última encuesta post – Nobel confirma que el premio no ayudó mucho a la popularidad del preseidente

Por: Fabio Arévalo Rosero
enero 10, 2017
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Santos acorralado y el país más golpeado

A pesar de haber gestionado el premio Nobel y haberlo logrado, Juan Manuel Santos sigue perdiendo apoyo popular. La última encuesta de Gallup ‘postnobel’ así lo confirma, con un mayoritario rechazo a su gestión (imagen positiva de solo el 35% con galardón incluido), mientras su máximo opositor paradójicamente sube en respaldo popular. Informe aquí.

La gabela de un Nobel encumbraría a cualquiera hasta el más ‘hueso’. Eso quiere decir que el presidente colombiano tiene una especie de ‘anti-teflón’, está lejos de ser un buen líder, pero sobre todo no ha construido confianza entre los colombianos (la mayoría no creen sean genuinas sus acciones), se lo siente impostado, muy bogotano y defendiendo sin sutileza a los más poderosos (la oligarquía y consorcios). Lo más grave es que Santos ya quemó todas sus municiones, puso todos los huevos en una sola canasta. Tocó el techo de posibilidades, por lo tanto solo le quedaría intentar mantenerse en el negativo que maneja y amortiguar próximas caídas. El otro problema es que el Nobel pocos creen que haya sido un logro genuino, independiente y sin transacciones. Da la sensación de un auto-premio.

Pero lo que se le viene es complejo, ya que sus contradictores ganan terreno ante la falta de un teflón que lo proteja a pesar de la medalla de Oslo y la santificación en el Vaticano (apenas estaría revestido de un polietileno de baja densidad). Para las próximas elecciones la Unidad Nacional llega hecha trizas. Su Vicepresidente es una república independiente, un lastre que no le ayuda. Su candidatura presidencial sin el apoyo santista ya es un hecho, pero estaría más cerca del uribismo. Ahora ni liberales ni los de la U (que son la misma cosa) tienen una mediana figura para disputar una elección presidencial. Para proponer tienen personajes con alto rechazo popular ya que configuran en el típico modelo de genuinos representantes de la más rancia politiquería (Benedetti, Roy Barreras, Iragorri, Cristo, Velasco, De la Calle, Galán, Serpa, etc). Representan el anacronismo rampante, lejos de la independencia y la innovación. El pueblo les pasará factura.

Tiene mucho más calado popular y apoyo la figura de Claudia López, quien a pesar de sus maneras (algo agresivas y chabacanas) ha sabido conectarse con importantes sectores de la sociedad civil; igualmente el mismo Jorge Robledo del Polo. De no realizar un movimiento audaz, Santos no pone presidente y los acuerdos de paz podrían tambalear o debilitarse su implementación. Pero la audacia implicaría ir en contra de sus principios y de sus correligionarios, lo cual no es fácil. A Uribe le queda menos difícil reacomodarse a pesar de su radicalismo de extrema derecha y de su cofradía en el CD. Ese movimiento uribista va con candidato propio a primera vuelta, Iván Duque o Luis Alfredo Ramos.

Si el exgobernador paisa supera sus líos legales, seguro que será el candidato del CD, con Duque de fórmula vice o hasta del mismo Uribe (una bomba). Aunque hay otras alternativas que vendrían del Partido Conservador. Seguramente a una segunda vuelta, con el candidato del CD llegarían Vargas Lleras o Sergio Fajardo -SF- (si es audaz), este en fórmula con Claudia López o algo que rompa. SF por ahora está en su ‘zona de confort’ política. El santismo estaría por fuera en segunda vuelta, (salvo que apoye a un Vargas Lleras), ya que un candidato de la política tradicional no tendría el mismo efecto electoral que en otros tiempos, mucho menos con el lastre de una pesada Reforma Tributaria y otras amenazas (agresiones) para los colombianos. A pesar del Nobel, parece que JMS, terminaría maltrecho y aburrido, ya que todo es susceptible de cambiar. Nada de raro tiene que hasta ‘demanden’ de alguna manera la legitimidad de sus logros, lo descueren y lo expongan descarnadamente para la historia y ese sea su mayor legado. Incluso uno de sus “aliados”, Timochenko, en una entrevista a un medio argentino dijo al respecto de Santos y el plebiscito: “lo que se demostró en las urnas fue el poco apoyo que le da el país a la gestión del presidente Juan Manuel Santos”. Otro deslindado de JMS.

Ahora el proceso de paz debe avanzar, pero con justicia social. Eliminando las verdaderas semillas de la violencia. A pesar del acuerdo con las FARC, el país no va a cambiar con esta misma clase política, con este tipo de gobernantes (del uribismo y santismo), no va a cambiar con la corrupción rampante, no va a cambiar si se mantienen los extrafalarios salarios de ‘altos’ funcionarios frente al mínimo de millones, además de tantas odiosas diferencias sociales. No va a cambiar si seguimos eligiendo y manteniendo la camarilla de congresistas, uno de los mayores sacos rotos del estado. El país cambiará generado enormes oportunidades para la gente (en empleo, productividad y seguridad), combatiendo seriamente la corrupción y fortaleciendo el derecho a la educación en todos los niveles. Hay cambio con paz si hay seguridad alimentaria, atención en salud digna y posibilidades grandes para que la mayor parte de personas tengan una mínima calidad de vida.

Pero todo eso solo parece ser una ilusión, una quimera. Un proceso de convivencia pacífica, de armonía social, no se puede imponer a la brava, por decreto y con la marca de un Nobel gestionado por el medio que sea. Eso al colombiano común y corriente no le va ni le viene. Le importa su día a día, sus hijos, su bienestar y no las vanidades de un presidente, que además tiene alto riesgo de entrar en barrena si no actúa con generosidad y humildad que es lo que les falta a quienes tradicionalmente hacen parte de las clases dominantes, esa minoría con privilegios absolutamente inmerecidos. Solo una revolución pacífica de la sociedad civil podría salvarnos y llevarnos a ese cambio soñado. Las próximas elecciones podrían ser cruciales para ello, un paso fundamental.

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