Razones y emociones para el Sí al plebiscito
Opinión

Razones y emociones para el Sí al plebiscito

En buena hora asistimos a tiempos donde la madurez política debe sobrevenir con las decisiones que tomemos respecto a la pregunta del próximo domingo 2 de octubre

Por:
septiembre 30, 2016
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Partamos de una realidad palmaria. Hay cansancio entre los actores de la guerra ajena que nos tocó padecer a casi todos los colombianos. Hagamos un contexto histórico merecido: la guerra es lo más afín a nuestra configuración social y política desde el siglo XIX y con ellas nos hemos alineado alrededor del poder, conquistado y perdido territorios y alimentado una máquina de muerte que llega a picos a lo largo del tiempo y luego sobreviene el cansancio que decreta el fin del conflicto en forma parcial y aplaza o incuba otros para la posteridad.

De tal manera que Colombia es lo más parecido a una rueda macabra de atracciones en un parque de diversión en la región latinoamericana. Giramos sobre el mismo eje de la realidad con sus profundas contradicciones y nos mantiene en movimiento la misma mezquindad de sociedad partida, segmentada por la desigualdad y con una clase dirigente encerrada en su torre de marfil.

En buena hora entonces, asistimos a tiempos donde la madurez política debe sobrevenir con las decisiones que tomemos respecto a la pregunta del próximo domingo 2 de octubre: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”.

Decisiones que a mi modo de ver pueden basarse en cinco razones y emociones humanas demasiado humanas o en una inteligente mirada que combine las dos inspiraciones desde la certeza que da la sensatez y la buena fe de un país inerme frente a su propio destino.

Razón 1: La guerra dejó de ser un gran negocio para los conspiradores internos y externos que detrás del gran capital mueven todos los hilos de la marioneta colectiva en que nos hemos convertido y entonces, prefieren la tranquilidad que la zozobra de la baja intensidad.

Emoción 1: El cansancio de la guerra nos nubla la vista y preferimos parar o acabar el conflicto hasta cuando la mirada sea clara y podamos retomar otro curso menos complicado.

Razón 2: En el largo plazo todos estaremos muertos (Keynes). Cambiemos entonces la manera de transitar hacia el tiempo que nos espera con más tranquilidad y menos angustias, con votos en vez de balas y con discursos en vez de emboscadas y estratagemas.

Emoción 2: En el lenguaje del sentido común se dice que en Colombia se piensa como guerrillero y se vota como godo. Juzguen ustedes ahora que los de las Farc se vuelvan centro de atracción de las redes sociales y del país político: deliramos por un selfie con ellos… pero hasta ahí…

Razón 3: Los malos gobiernos a veces toman decisiones arriesgadas para terminar apostando todo a la única opción posible para pasar a la historia y lo paradójico, es que les termina resultando el cisne negro esperado.

Emoción 3: No debemos temerle al fracaso del gobierno sino valorar que quienes nos representaron, tanto de un lado como del otro, hicieron el mayor esfuerzo con el Acuerdo Final y que merece una afirmación y confianza aunque no signifique el silencio definitivo de la guerra, pero si los minutos previos a la convivencia esperada.

Razón 4: El mapa político de Colombia está configurado de placas tectónicas que se mueven de una manera u otra, según la correlación y choque de sus fuerzas dominantes y de las emergentes que aparecen con júbilo y se silencian con vergüenza propia.

Emoción 4: Por mucho que cambie el mapa político del país, seguiremos con viejas y malas prácticas, pero nos daremos la oportunidad de moverle el piso al establecimiento –aunque tarde- y convencernos que hacer política desde las bases sociales puede costar mucho.

Razón 5: Es más práctico votar por el Sí de la oportunidad que aferrarnos al No que naufraga en una marejada infeliz de elites reaccionarias y de frustraciones personales de egos aupados con la nostalgia de poder furtivo y pasajero.

Emoción 5: Votar por el Sí no me exime de responsabilidad ni me condena. Votar por el No me hace responsable de una condena colectiva inmerecida en el futuro.

Coda: Cuando seamos el país próspero y aburrido que pronostican los tecnócratas del universo conocido, los nietos del Sí agradecerán la terquedad de sus abuelos por parar la guerra y dejar que Mambrú vaya a la escuela.

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