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¿Es nuestra tv una apología al delito?

Como sociedad debemos tener claro que no es lo que nos quieran imponer, sino luchar por nuestros valores

Por: Eber patiño Ruiz
Febrero 17, 2017
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¿Es nuestra tv una apología al delito?
Foto: Sebastián Jaramillo vía infobae.com

El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en su libro titulado —La Civilización del Espectáculo— habla largo y tendido de lo que acontece día a día en cualquier rincón del mundo, y como estos hechos lejos de ser tomados como ejemplos para no repetir los mismos errores del pasado, se convierten en shows televisivos, titulares de prensa y revistas, la noticia del día, y millones de me gusta y compartir en las redes sociales, como si fueran dignos de exaltar.

Es ahí donde Vargas Llosa hace énfasis en la transgresión de los valores, donde importa más el lucro económico por vender imágenes de guerra, destrucción, sangre y dolor humano, que mostrar los logros científicos y los avances en la vacuna contra el SIDA y la Diabetes.

Ahora es más importante mostrar la degradación del ser, que mostrar su fortaleza y sus principios éticos, no es sino ver la guerra de Alepo en Siria, donde una vez más se refleja la irracionalidad del hombre por destruir todo a su paso y tomar posesión de lo que no le pertenece.

Eso vende, eso es espectáculo, eso entretiene, llama la atención del mundo, pero no hacemos nada para combatir esa irracionalidad, porque es al otro lado del mundo y cuando nos toca a nosotros la tragedia vestida de avalanchas, derrumbes, sequías, inundaciones, hambre y pobreza, ponemos el grito en el cielo como si fuéramos los olvidados de Dios. Pero como hay países que importan más que otros para vender su dolor y su desgracia, la guerra en Medio Oriente le importa a EEUU para poder venderle armas y justificar su accionar como país de alta peligrosidad para la Seguridad Nacional.

Esa noticia llena los titulares de prensa, ni hablar de las malas conductas de los llamados dueños de la farándula, como son los cantantes, los actores, los futbolistas, las modelos, las reinas de belleza etc.  Este pequeño grupo tiene la capacidad de volcar la mirada del mundo hacia ellos, de hacer de sus errores la noticia boom del día y cobrar millones de dólares por la primicia como si se tratara de un negocio más en sus vidas. Pero más allá de estas banalidades y trivialidades del espectáculo, están los medios de comunicación que manipulan a su antojo las audiencias ignorantes, que compran al por mayor este tipo de productos, no es sino ver las mil y una revistas que hay en los puntos de venta en las calles, y entender la gigantesca industria del espectáculo que tiene anestesiado el cerebro de buena parte de la humanidad.

Para no ir muy lejos, miremos como ejemplo las últimas producciones televisivas de nuestro país. Hace una semana se estrenó la serie —El comandante— que narra algunos estadios de la vida del expresidente Venezolano Hugo Chávez, para muchos un despropósito presentar semejante esperpento de producción, la pregunta sería ¿Qué ejemplo dejó el señor Chávez para emular su vida y obra? Sin duda es la muestra de lo que nos quieren meter por los ojos, como la más grande producción del siglo, y de paso comentar el daño que ha causado las producciones de narco novelas como: sin tetas no hay paraíso, el capo, el cartel de los sapos, el patrón del mal, la mariposa etc. Vendiendo una mala imagen de nuestro país, que solo la enlodan unos cuantos y se lucran los canales privados porque ese es su negocio.

Ahora salta al ruedo otra producción, anunciada con bombos y platillos, contando la historia de asesinatos y delitos de lesa humanidad como el secuestro y la tortura. Hoy su vida es llevada a la televisión como si se tratara de un héroe después de purgar una condena de más de veinte años y borrar de su vida a los enemigos del llamado cartel de Cali. Es conocido con el alias de Popeye, su nombre de pila es Jhon Jairo Vásquez Velásquez, que a la fecha ya tienen más de doscientos mil seguidores en YouTube.

Esa apología del delito, es lo que hoy venden los medios de comunicación, no solo en nuestro país, sino a nivel global todas las empresas dedicadas al mundo del entretenimiento.

Desde diferentes lugares del país, se han visto pequeñas protestas, para no darle brillo y lumbre a estas producciones y al parecer han surtido su efecto con el bajo rating en los primeros capítulos, pero eso parece no importarle Netflix ni a CARACOL, que ya tienen en el bolsillo asegurado la producción y los derechos publicitarios de la serie de los sesenta capítulos.

A estos hechos sin sentido, es a lo que se refiere Vargas Llosa, donde se pierde el sentido de lo humano, el respeto por el otro, a no enaltecer el valor y el mérito del otro como hacedor de patria y de ejemplo para la humanidad, sino todo lo contrario, darle protagonismo a personas y situaciones que lo único que hacen es demostrar la pérdida de los valores humanos y el desprecio por el orden y los sanos ideales.

La respuesta es muy simple ¿Por qué la televisión no financia programas culturales y de información general que aporten a la educación? Pues porque esos programas no producen dinero, no son rentables, no produce rating y aquí es donde cobra vida —La civilización del espectáculo— como respuesta a una sociedad ciega, insensible, necia y apurada por negar lo que es, lo que tiene y no ver más allá de las simples emociones diseñadas por la pantalla, la radio y la prensa.

Lo peor de esta civilización del espectáculo, es que cada individuo se toma muy en serio su papel y vive de acuerdo al libreto que le dictan en la calle, en los medios de comunicaciones, que al llegar a la casa cree que los que lo rodean son los enemigos, y por eso vemos hogares destrozados, monoparentales, sin un sentido para vivir, y donde la calle es la mejor amiga y consejera, donde reina el hampa y el delito.

En ese círculo vicioso es donde apunta la civilización del espectáculo y que por desgracia entran a ese círculo millones de personas cada día, para morir después en el intento por salir de la rueda de la muerte.

Como sociedad debemos tener claro que no es lo que nos quieran imponer, sino luchar por lo que queremos dejarles a nuestras generaciones, de lo contrario vendrán otras culturas a civilizarnos como en los tiempos de la llamada conquista española y ser los esclavos del futuro si es que no lo somos ya sin darnos cuenta.

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