La Vuelta a Colombia se corre en Italia
Opinión

La Vuelta a Colombia se corre en Italia

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mayo 29, 2014
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Fabio Aru, el joven capo del Astana acaba de cruzar la meta en Val Martello. Se baja de la bicicleta tembloroso, da unos pasos y luego se derrumba en el piso. Se queja y llora del dolor en las rodillas, de la opresión asfixiante que siente en el pecho como si la mano de un gorila invisible lo apretujara hasta ahogarlo. El médico del equipo Kazajo se acerca al pedalista, le da a oler unas sales en un pañuelo y después de un par de minutos se levanta, ante él está un periodista de la RAI, le acerca el micrófono y con la voz entrecortada por el llanto el ciclista italiano va arrastrando estas palabras “Lo de hoy fue muy duro, todos los que lleguen hoy son héroes, hubo nieve, lluvia, tres puertos durísimos. Hoy es un día glorioso para el ciclismo”.

Aru entró en la escarpada fracción en el puesto sexto, tres minutos después de lo que hiciera el ganador de la etapa reina del Giro de Italia, la que pasó por cimas míticas como el Stelvio, inmortalizada por las gestas de Pantani y Fausto Coppi y por el Gavia y que dominó a su antojo un humilde boyacense que hace un año no pasaba de ser el gregario preferido de Alejandro Valverde en el poderoso equipo español Movistar, alguien muy joven y con mucho futuro del que se esperaba ganara pronto una etapa en el Tour de Francia, pero que nadie imaginó que iba a necesitar tan solo 24 años para estar a punto de llevarse una vuelta grande como el Giro de Italia.

Lo de Nairo Quintana fue una gesta apoteósica, sublime, una hazaña reservada solo a los grandes. Hasta el último momento se temió porque la nieve le negara la posibilidad al pelotón de cruzar los tres grandes picos. Al boyacense le convenía esta etapa serrucho y los aficionados pensábamos que esperaría el inicio del último puerto para romper el lote del líder, pero nunca imaginamos que a la mejor manera de Contador, el mejor escalador del mundo esperara el descenso de la Cima Coppi para lanzar su mortífero ataque. Caía agua-nieve y la carretera era una mortífera pista enjabonada. La organización del Giro insinuó que se neutralizaría la carrera después de coronar el puerto de fuera de categoría para evitar accidentes en la bajada. Nairo y un grupo de seis corredores entre los que se destacaban Hesjedal, campeón del Giro en el 2012 y el combativo Pierre Rolland decidieron escaparse mientras los otros aspirantes al título, encabezados por Rigoberto Urán, se confundían con los contradictorios mensajes que emitía la organización.

Al llegar al puerto la tripleta comandada por Nairo le había sacado poco más de un minuto al grupo de la maglia rosa, diferencia que se triplicaría en la inhóspita subida de 20 kilómetros. Allí, en la ascensión a Val Martello, el actual subcampeón del Tour de Francia demostró que es un fuera de serie. Sus compañeros de fuga nunca pasaron al frente a marcar paso y se limitaron a seguir su rueda. Fue un monólogo, un recital. Solo los más valientes en el timorato ciclismo de hoy, tienen las agallas para atacar desde tan lejos. Solo le bastó a Naironman una sola etapa de alta montaña para darle una patada a la mesa y vestirse de rosa.

Pero Quintana no fue el único colombiano que se destacó en la tappone. Lo de Sebastián Henao fue antológico, el hombre que con 20 años es el corredor más joven de este Giro, llegó octavo, arrastrando a un inánime Rigoberto Urán. El antioqueño es uno de los tantos ciclistas colombianos menores de 25 años que vislumbran tomarse Europa en un par de temporadas. Detrás de ellos venía Jarlison Pantano, entrando de nuevo entre los quince mejores de una etapa en el Giro. Este vallecaucano ya es apetecido por los mejores equipos europeos y el próximo año es casi seguro que será gregario de Alberto Contador en el Tour de Francia

Esta es una generación dorada, ganadora, que ya lleva en la sangre los fracasos y frustraciones que dejaron en el pasado los pioneros. Ya se ha aprendido a sufrir y a diferencia de los Parra y Herrera, los nuevos escarabajos son más fuertes mentalmente y eso les da una regularidad de la que nuestros ochenteros ciclistas carecían. Son ambiciosos y siempre quieren ir al frente, suben, bajan y contrarrelojean y lo mejor… tienen todo el futuro por delante.

Ojalá el domingo podamos celebrar el primer título de un latinoamericano en un Giro de Italia. Entre Urán y Nairo estará el campeón, es bastante difícil que así no sea. Para el de Urrao será una labor titánica arrancarle el rosa en las tres etapas de montaña que aún quedan. Es el terreno en donde Quintana se siente más cómodo, en donde es, sin duda, un águila subiendo los Alpes.

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