El duro de las Farc en el Catatumbo

Este comandante que forma parte de la delegación de Las Farc en los diálogos de La Habana mandaba a la guerrilla en esta zona del país. Esta es su historia.

Por: | julio 03, 2013
 
El duro de las Farc en el Catatumbo


Ahora mismo no está en Catatumbo sino en La Habana. Rubén Zamora, de 50 años, lleva 26 en la guerrilla, casi todos en Norte de Santander, y en los últimos años fungiendo como comandante del Frente 33 de las FARC.  Aunque el gobierno lo considera uno de los jefes insurgentes más implicados en el narcotráfico que se mueve en la frontera con Venezuela,  Zamora, sin embargo, ha demostrado sus dotes de político en la mesa de conversaciones con el gobierno, desde noviembre. Siempre aparece en el grupo de los voceros, y se sabe que jugó un papel muy activo en el primer punto de la agenda.

No en vano, proviene de una región donde coca, petróleo y frontera son una mezcla explosiva, a la que se le suman recientes proyectos agroindustriales. Toda esta conflictividad social atizada por la presencia del ELN, las FARC y Megateo, el último de los disidentes del EPL, a quien se le atribuye enorme poder en la región.  Este coctel molotov, estalló hace pocos días después de que comenzara la erradicación de los cultivos de coca, y miles de campesinos se lanzaran a pedir soluciones a sus problemas, particularmente la creación urgente de una Zona de Reserva Campesina.

La historia de los 80 parece repetirse: una negociación en curso, unas marchas campesinas radicalizadas, y la protesta como pulso entre gobierno y guerrilla en medio del diálogo. Así mismo era el mundo cuando Zamora tomó las armas, y desde entonces no ha conocido mundo distinto.  Y a donde llegó por sugerencia de su papá, que temía que lo mataran.

Marchas

Marchas y movimientos cocaleros en 1996

“Mi papa había prestado servicio militar en los años 50 y había perseguido a Marulanda en el sur del Tolima. Tenía mucha admiración por él, por sus hazañas militares. Cuando se iniciaron los diálogos de la Uribe, Yamit Amat anunció una entrevista a Marulanda y mi padre quiso grabarla. Nosotros no teníamos nada que ver con la lucha política, y él nos animó a conocer esas declaraciones. A mí me llamó la atención Marulanda, porque uno veía la violencia del gobierno. Yo era parte del movimiento agrario, en concreto del Distrito de Riego del Río Zulia y sentíamos el peso de las políticas del Estado, había una situación social muy complicada.  La insurgencia estaba planteando la reforma agraria, yo tuve acceso a esa plataforma. Me gustó mucho el planteamiento, y así me incorporé a la Unión Patriótica.

En la UP conoció a Iván Márquez como Representante a la Cámara, y a Braulio Herrera, a quien había visto en Bogotá en un Congreso de ese partido. Consideró ingresar a las Farc cuando fue detenido en 1986 por el grupo Maza del Ejército. “Vienen los golpes, el acoso a mi familia.  Me acusaban de guerrillero, me interrogaban que donde tenía las armas. Yo tenía claro que era una forma de obligarme a renunciar a la actividad política.

Los soldados que me custodiaban me decían que me iban a matar porque no aparecían en registros como detenido. Pero un soldado se compadeció y fue y le avisó a mi familia. Entonces intervino la Procuraduría, la UP, hasta el gobernador de la época, y me tuvieron que soltar”.

La presión se intensificó. Llegaron los allanamientos y las amenazas de muerte. Entonces su padre le dijo: o se retira de la UP o se va para las FARC, no le queda otro camino. “Me tomé como cinco días para pensarlo y al final me decidí. Ingresé  el 4 de febrero del 87 y ahí cambió mi vida”.

La incursión paramilitar en el Catatumbo fue muy drástica y marcó la vida de Zamora. “Se  me vienen a la  memoria las imágenes del sufrimiento de los civiles. Niños que perdieron a sus padres y quedaron abandonados. Viudas, historia de gente descuartizada. Recuerdo a una señora, una campesina, que se la encuentra una comisión de guerrilla…  la despedazaron, le quitaron la cabellera… le abrieron el vientre con la bayoneta de una AK47 y una bebe de brazos, ahí tirada con ella, ensangrentada.  Nunca pensé en semejante degradación. Uno ir en marcha y encontrarse campesinos, gente en estado de indefensión, y encontrarlos descuartizados. 

Zamora ingreso a las FARC en 1987

Zamora ingreso a las FARC en 1987

En aquella época Timo (Timoléon Jiménez, hoy comandante de las FARC) estaba en el Catatumbo. Ese hombre ni dormía en esa situación, y muchas veces llamarlo a uno para sentarse a conversar y decía: ¿Qué hacemos? Era una angustia por la gente”.

La actuación de la guerrilla para muchos fue similar a la de los paramilitares. Se les acusa de incursiones violentas como las de La Gabarra. “Eso fue en combate”, se defiende Zamora. “Los  medios la presentaron como una masacre de raspachines  pero fue el asalto a un campamento paramilitar. Por esa época estaba Timo allá y permanentemente advertía sobre cualquier abuso contra civiles.  Incluso con todo ese desplazamiento que se produjo, nosotros mantuvimos la defensa de la tierra, y expulsamos gente que trajeron los paras de Córdoba y Sur del Cesar. Eran gente pobre,  gente sin tierra, pero se estaban metiéndose en un lio. Es que los paramilitares querían hacer una contra-reforma agraria en Catatumbo. Y cuando ellos se desmovilizaron hicimos un retorno de miles de gentes”.

El Catatumbo es una región donde prolifera la coca. Una de las razones de las actuales marchas es la de protestar por las fumigaciones que desde hace tres meses intensificó el ejército.

Su frente es considerado uno de los más involucrados en el narcotráfico. ¿Cómo van a desmontar eso?

Cuando la coca llegó al Catatumbo, nos preocupamos mucho. Yo ya era guerrillero y vi a los narcos ofreciéndoles a los campesinos sembrar coca, en una zona marginal donde no se podían sacar los de alimentos que se producían, que eran muchos. Y se generó un conflicto entre el campesino que quería sembrar coca porque era rentable y las FARC. Nosotros nos opusimos. Las FARC, al principio, no dejaban sembrar. Pero nos arrolló la realidad social, porque no teníamos alternativa de solución a los problemas de ellos. Y nos ganaron en el propósito de cultivar droga. Entonces empezamos a ponerle límites para que no se extendieran los cultivos.

¿Qué límites?

Tres hectáreas, pero en los años 90 se metió la Brigada Móvil #2  y le dio las instrucciones a los comandantes de las unidades que les dijeran a los campesinos: siembre coca, no sean pendejos, siembren coca, si se hacen meter preso, que sea por algo que valga la pena. Y la gente se desbordó.

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Y ustedes terminaron beneficiándose de eso y manejando las rutas…

Nosotros por principio no permitimos que alguien que trafique droga ingrese a la organización. Pero el fenómeno de la siembra se creció demasiado.  Cuando entran los paras mucha gente se mete a las FARC, y a recibir el influyo de la vida guerrillera. Que no es fácil porque la coca trajo muchos antivalores culturales. Además, esa gente que ha ingresado a las FARC ha tenido un propósito común: la defensa del territorio porque allá se quedan los padres, los hermanos, y el guerrillero siente que la primera tarea es defender a su familia.

El tema del proceso de paz.

¿Y cree que es sostenible un acuerdo de paz con el narcotráfico vivo y coleando?

Los problemas del país no dependen de la desmovilización de las FARC. Empecemos a resolver los problemas y le damos confianza al movimiento insurgente. Como van a convencernos de dejar las armas cuando se están cerrando los espacios políticos.

¿Qué tiene para decirles a las víctimas?

Nosotros no agredimos a la población civil como parte de una política de las FARC. En un conflicto hay víctimas, y es lo que queremos superar.  En una confrontación caen civiles, sin que ni Ejército ni guerrilla a veces tengan intención. Pero si no hay confrontación no hay víctimas. Por eso estamos aquí.

 

*Entrevista realizada en febrero de este año.

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