El lado humano de los psicópatas
Opinión

El lado humano de los psicópatas

Por:
abril 18, 2014
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Las primeras imágenes  que se le vienen a uno a la mente cada que escucha nombres como Adolf Hitler, Luis Alfredo Garavito, Charles Manson, etc., suelen desencadenar juicios de valor como: “monstruos, asesinos” y en general, frases con carga de odio e impotencia. Y no es para menos, porque han causado tanto daño a la sociedad.

Sin embargo, como lo ha demostrado la sabia naturaleza: nada tiene su efecto sin su causa. Y la gran mayoría de estos "monstruos" no hubieran llegado a serlo si no hubieran sido humanos primero. Y cuando digo "humanos", me refiero a que tuvieron, por ejemplo, una infancia cercana a situaciones  familiares traumáticas.

Por otro lado, no todos los asesinos considerados desde una visión psicológica o psiquiátrica como "psicópatas", se hacen. Es decir que una persona no solo se construye desde su experiencia de vida; sino que también hay casos en que el infante nace así. De igual manera, el proceso evolutivo de las personas se complementa entre el legado genético y la experiencia del día a día (epigenética). El segundo caso, lo trata la película Tenemos que hablar de Kevin (2011)' de Lynne Ramsay(Ver película), donde se aborda la vida de un adolescente que asesina a su familia y compañeros del colegio; se comenta el origen psicopatológico como una posible afección de un desbalance neurológico en el córtex prefrontal ventromedial, según el neurocientífico Simon Baron-Cohen. Y añade al caso de Kevin en la película (ver columna): “Psicópatas como Kevin tienen cero grados de empatía afectiva (simplemente no les importan los sentimientos de los demás) pero tienen excelente empatía cognitiva (capaces de introducirse a la mente de otra persona usando su habilidad para descubrir lo que otra persona piensa, siente o quiere; manipular a los otros a través del engaño)”.

Otra película que trata sobre esta temática, es Stoker (Lazos perversos, 2013)’ de Chan-Wook Park (ver tráiler).

Fuera de los casos de las películas, lo que conocemos de la historia nos devela el porqué personas como Hitler han desatado caos en el mundo. Tiene que ver con su infancia. Para citar un caso de maltrato de su padre hacia él: "Le gustaba humillar a su hijo. En una muestra de rebelión, Adolf, entonces de seis años, trató de escapar de su casa durante la noche, saltando por una ventana. Se desvistió para salir con menos ruido, pero quedó enganchado. Su padre lo oyó y trajo al resto de la familia para que se rieran de él. Adolf lloró durante tres días” (ver noticia completa).

De igual manera sucedió con Charles Manson: “El primer día de colegio el niño fue regañado por su maestra, lo que hizo que el pequeño volviera a su casa corriendo y llorando. Como castigo y para enseñarle una lección, su tío lo mandó al colegio al día siguiente vestido con ropas de su prima Jo Ann” (ver completo).

Y aunque pareciera que este tipo de castigos no fueran mayor cosa como para que estas personas se convirtieran en lo que llegaron a ser; sí son el abrebocas del continuo sufrimiento que ellos y otras tantas personas siguen padeciendo, llevando en su interior el presente como una bomba social en el futuro.

En el caso de Colombia, Luis Alfredo Garavito no ha contado con menos odio. Y su experiencia familiar habrá sido para él tan fuerte como lo fue para ya mencionados: vivió un proceso de violencia en su municipio, Génova en Antioquia, asediado por guerrilla, ejército y paramilitares. Cuando se desplazaron al norte del Valle, el problema se enfocó ahora en su núcleo familiar; por mencionar un caso, y quizá el más representativo: “La relación de Luis Alfredo con su padre y su madre no era la más idónea, expresando que ‘mi padre fue muy rígido y mi madre, una persona que poco afecto y cariño me brindó. De mi tierna infancia tengo muy amargos recuerdos… cuando llegué a tener uso de razón yo veía cómo mi padre, en innumerables ocasiones, golpeaba a mi madre y la arrastraba; todavía tengo yo esos gritos que ella desesperadamente lanzaba. Yo vi cuando él la cortó; esa imagen quedó grabada dentro de mi cerebro de por vida, no la he podido olvidar…. Yo fui el único que la defendí…. Le metió una pela que la dejó coja estando embarazada de mi hermano Ricardo. Fueron casi cuarenta años que le aguantó mi mamá a ese señor humillaciones, desprecios; recuerdo que le decía: "yo la recogí del fango, mujerzuela’” (ver completo).

Quien quiera ampliar la visión de la vida de Garavito, puede leer el informe sobre su estructura de la personalidad desde una visión psicoanalítica (ver), en la que se reflexiona la problemática: “Las luchas y rebeldías externas del adolescente no son más que reflejos de los conflictos de dependencia infantil que íntimamente aún persisten. Los procesos de duelo obligan a actuaciones que tienen características defensivas, de carácter psicopático, fóbico, o contra fóbico, maníaco o esquizoparanoide según el individuo y sus circunstancias. Es por esta razón que se puede hablar de un verdadero ‘síndrome normal’ del adolescente, en el sentido en que precisamente este exterioriza sus conflictos de acuerdo con su estructura y sus experiencias”.

Para ver un cambio real es necesario, comprender la vida de estas personas lejos del prejuicio y reforzar el trabajo de las políticas públicas en materia de salud mental en Colombia, donde a  noviembre de 2013, los afectados eran “dos millones de personas y solo una de cada diez recibía tratamiento terapéutico” (ver). El primer detonante de las enfermedades mentales de las personas, suelen darse por medio del trato violento de las familias.

Un reportaje de Séptimo Día de Caracol, aclara la situación, exhibiendo diferentes casos de negligencia estatal donde es necesario para promover campañas y apoyo a las familias dentro de lo educativo, económico y de la salud (ver reportaje).

El reto y el compromiso político frente a este tema es más que necesario, según el profesor de economía y ciencias conductuales: "Tiene sentido para los científicos sociales participar más en la política, ya que muchos de los problemas más difíciles de la sociedad son, en esencia, de comportamiento. Usando los hallazgos científicos sociales para crear intervenciones plausibles, entonces probar su eficacia con ensayos controlados aleatorios, puede mejorar — y en ocasiones salvar— la vida de las personas, al tiempo que reduce la necesidad de aumentar el gasto público para solucionar problemas en el futuro" (ver columna).

Finalmente, la responsabilidad como seres humanos sanos no sería menos eficaz si a parte de la ideal intervención política desde el gobierno y el Estado; las familias también colaboraran con su constancia educativa y de amor. El padre y la madre son igual de importantes y la capacidad de estos para sobrellevar las adversidades desiguales de la sociedad, por ejemplo en materia económica o familiar, son vitales para romper ciclos de violencia con sus hijos.

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