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Opinión

El despecho de la canciller y Timochenko

Salidas untadas de ironía como las de la canciller María Ángela Holguín el martes pasado, no tienen cabida

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Octubre 06, 2016
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Ganó el No y cayó sobre el país con la fuerza de un huracán capaz de cimbrar nuestra institucionalidad. La conmoción en buena parte puede atribuirse al factor sorpresa.  El aparato de propagando oficial y la profusión de encuestas favorables, habían hecho creer que la aprobación del acuerdo final era pan comido para el gobierno nacional y las Farc.

Es evidente que la negativa se impuso por un margen irrisorio. Pero como lo expresara el expresidente Álvaro Uribe Vélez, peor sería que las cosas fueran al revés: la paz triunfante acaballada en una diferencia mínima de votos. En ese caso habríamos mantenido un acuerdo controversial, profuso, confuso e inconveniente en muchos de sus apartes, que dejaba grandes incertidumbres y por tanto con dificultades para su sostenibilidad.

Por el contrario, en los momentos actuales, el presidente Juan Manuel Santos tendrá que emplearse a fondo para buscar que lo pactado sea incluyente, representativo de la opinión de las mayorías, tenga el respaldo y el vapor provenientes de una gran convergencia de voluntades, asunto que antes no se había intentado.

Llegar a ese resultado implicará varias tareas. En primer lugar está la interlocución con quienes representan el No. En este orden de ideas es un paso esencial la convocatoria a las distintas fuerzas políticas y el diálogo con  el ex presidente Uribe y su partido.

Pero en la estrategia de acercamientos planteada por el ejecutivo hay una falencia. Buena parte de quienes rechazaron los acuerdos siguen las orientaciones del doctor Uribe, pero como este mismo lo expresara, en el No participaron colombianos de distintas fuerzas políticas y millones de hombre libres, que carecen de afiliación partidista. Fuerzas como estas deberían ser convocadas. Y es que los ciudadanos independientes llámense empresarios, académicos, sindicalistas, líderes sociales, comuneros etc., también cuentan. Su voz tiene que considerarse cuando se trata de solucionar los grandes desafíos que encara la Nación.

Otra tarea que debe ocupar al presidente de la República es la de pulir el lenguaje de sus colaboradores. Se entiende la frustración que ellos experimentan frente a los resultados del domingo, pero salidas untadas de ironía como las de la canciller María Ángela Holguín el martes pasado, no tienen cabida. Ella que ha sido prudente y atildada, parece estar hablando desde el despecho. Así indicó que no hay  plan B porque “creíamos que el país quería la paz”. Luego, sobre los cambios perseguidos por el Centro Democrático añadió: “han trabajado mucho por el No, deben tener muy claro lo que quieren revisar”.

Los acuerdos tienen que revisarse,
es tarea del gobierno,
y no es porque a la Farc les venga en gana

La intervención de la canciller que mencionamos dejó mal sabor. En esa oportunidad tampoco tuvo inconveniente en indicar que la decisión de abrir la revisión de los acuerdos pertenece tan solo a las Farc. Esas son palabras que depositan en el grupo insurgente la llave de la paz y de nuestro destino nacional. Qué pena señora ministra. Los acuerdos tienen que revisarse, es tarea del gobierno, y no es porque a la Farc les venga en gana. Tiene que hacerse porque tal es el mandato del pueblo colombiano expresado democráticamente el pasado domingo.

La doctora Holguín concluyó su rueda de prensa con un anuncio aún más alarmante. Según este al darse el voto negativo en el plebiscito, “todo vuelve a como estaba antes”. Como quien dice “aquí todo se jodió” y la culpa es de los que votaron por el No. De nuevo lo siento por la ministra.  Ella como diplomática experimentada debería saber que la construcción de relaciones es un proceso. Siempre se avanza sobre lo ya logrado. En La Habana, gracias al presidente Santos y a un equipo del que ella misma hizo parte, se obtuvieron progresos muy notables, las cosas no volverán a ser como fueron antes. El punto de fondo planteado por los partidarios del No, es que lo obtenido puede ser mejorarse para bien de Colombia.

Los jefes insurgentes también despechados y encabezados por Timoleón Jiménez –Timochenko, se equivocan cuando afirman que después de la negativa en las urnas el Acuerdo Final mantiene su vigencia jurídica. Esta visión no es válida, lo del blindaje es un cuento que les vendieron asesores habilidosos y fue descartado por el fallo de la Corte Constitucional sobre la consulta. El organismo señaló en su momento, que el rechazo plebiscitario acarrea “la imposibilidad jurídica para el presidente de adelantar la implementación de ese acuerdo en específico, puesto que fue esa decisión de política pública la que se sometió a la refrendación popular”.

Pero independiente de que los dirigentes de las Farc estén equivocados sobre la cuestión anterior, debe reconocerse  su voluntad por alcanzar la paz y el hecho de ser coprotagonistas de un acuerdo que siendo mejorable, representa importantes adelantos. Es prioritario en consecuencia, que tanto esos dirigentes como sus efectivos gocen de las garantías necesarias y de la protección del Estado mientras se toman las decisiones relacionadas con el nuevo proceso.

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