De Boyacá en los campos
Opinión

De Boyacá en los campos

¡Gracias Nairo!

Por:
septiembre 15, 2016
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Que buen instante para volver, luego de la necesaria autosuspensión. Nada más ni nada menos que al instante del triunfo de Colombia en España, a cargo de nuestro paisano Nairo. Estupendo. ¡Gracias Nairo!

El deporte, se ha sostenido y, desde luego, no lo podemos soslayar, constituye nuestra carta de presentación ante el mundo; cada triunfo a nombre de Colombia ensancha el alma y nos hace apoderarnos de nuestro destino; ahora que nos encontramos en momentos de reestructuración, desconstrucción o recreación.

El deporte une a los habitantes, hace que la gente vuelva a conversar, permite que los contrarios se pongan de acuerdo, permite la reconciliación.

Como con el deporte, la sociedad debe volver a conciliar: Conciliar los derechos, conciliar las apetencias, conciliar las necesidades, conciliar los conflictos; conciliar y conciliar. Ponerse de acuerdo en los derechos, en las apetencias, en las necesidades, lo cual es obvio, pero también es necesario conciliar en los conflictos. Desde luego, la diferencia debe ser atendida y aprovechar la normal anormalidad que, en suma, marca la posibilidad de inclusión. ¿Qué más pedir? Nuestro mundo, así, es otro.

Lo conocemos, conocemos al campeón: sencillez, calor humano, confianza, imposible arrogancia, todo ello hace de él una persona especial. En Tunja, tuvimos la oportunidad de saber personalmente de él, de ser testigos de su calidad humana, no extraña su reacción de hoy, generoso en el triunfo, grato con su equipo —se dirá Colombia— y, por supuesto, respetuoso con sus contrincantes o competidores — Chris Froome—. Qué buena actitud.

Enseñó que cuando se gana y, sobremanera, cuando se pierde se debe ser persona: humana condición; esa es la Colombia que se encuentra en grandes cantidades en nuestro maravilloso territorio, es la Colombia que requerimos, ejemplo a seguir y, repito señoras y señores, es nuestra gente.

Por otra parte, también, padecemos la que se denomina o han denominado, la cultura de la violencia y la de la corrupción. Males estos que, cada uno en significativa proporción, hacen de la sociedad, del país, de la organización y al Estado inviable.

Entre ellos, incluso la corrupción parecer ser más grave que los graves, gravísimos atentados de la subversión; más escandaloso; más profundo; y, desde luego, más costoso. No se creerá, pero es así, las cifras lo demuestran.

Paradoja: devastador contraste: un país que anhela la paz, en concordia, capaz de sentirse uno, de reconciliarse por efectos del deporte; grande, reconstruido y capaz: si es posible la conciliación, es probable en punto de necesidad la Re-, la Reconciliación. Miren ustedes, qué sencillo. Reconciliación: ‘1. tr Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos. U. t. c. prnl.2. (…) 3. tr. Oír una breve o ligera confesión. (…) 5. prnl. Confesarse, de algunas culpas ligeras u olvidadas en otra confesión que se acaba de hacer.6. prnl. Rel. Confesarse, especialmente de manera breve o de culpas ligeras’. La reconciliación: volver a conciliar, pero oyendo, escuchando al otro como si fuera yo, un yo que está al frente, una confesión: la otredad; mientras, en la vida también real: la violencia, la exclusión y la corrupción.

 

¿Cuándo será posible en otros escenarios
la Colombia del deporte, la de la conciliación,
la de la reconciliación y de la paz?

 

¿Cuándo será posible en otros escenarios la Colombia del deporte, la de la conciliación, la de la reconciliación y de la paz? Qué panorama, qué paisaje nos brinda esa Colombia, la de Nairo; y, mientras, mientras dejemos lo que nos corresponde del himno nacional; bien vale la pena recordar, meditar y, hacerlo propio: ‘De Boyacá en los campos/ El genio de la gloria/ Con cada espiga un héroe / invicto coronó. Soldados sin coraza/ Ganaron la victoria; /Su varonil aliento / De escudo les sirvió’.

Así, impaciente por volver, para analizar los desarrollos que permitan la reconciliación, estaremos atentos con exacto impulso a los temas de (i)  acatamiento y vigencia de la institucionalidad; (ii) el cumplir y hacer cumplir los acuerdos internacionales[1]; (iii) la configuración de un orden jurídico bajo tales planteamientos, para poder así: (a) recrear consensos o acuerdos éticos de convivencia; (b) el fundante ‘bloque de constitucionalidad’ y, por último (iii) recrear un orden jurídico o sistema normativo.

[1] MASSIMO LA TORRE. CRISTINA GARCÌA PASCUAL. La Utopía Realista de Hans Kelsen. Prologo. En HANS KELSEN. La Paz por Medio del Derecho. Ed. Trotta. Madrid. 2003. Pág. 20.

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